Fases lunares



miércoles, 3 de mayo de 2017

DUDA ANTE LA APOLOGÍA DE LO PERMEABLE



La cuestión es si sobreviviremos a tanto dolor o será éste quien acabe por matarnos. Un dolor que no expulsamos porque a penas le permitimos entrar, como cuando los niños aprietan fuerte los labios para que no entre la cucharada de jarabe que supuestamente les aliviará mientras sus madres en un gesto cargado de cariño maternal, les provocan la asfixia tapandoles la nariz para que la abran.
El dolor como alivio del propio dolor, que no se va si no te traspasa (quien bien te quiere te hará sufrir; todo lo que pica cura). Pero cuando los dolores se agolpan a las puertas de tus murallas uno tras otro queriendo entrar, ¿Puedes tener la valentía de dejarte invadir por completo? ¿Puedes creer de verdad que solo pretenden atravesarte, y que se marcharán?

Apuntalo las últimas defensas agotada por las noches sin dormir y los dias sin soñar. Como una autómata recorro las horas programadas, cumpliendo con aparatosa disciplina lo esperado. Todo excepto el llanto. Confunden mis ojeras. qué mal lo está pasando, pobrecita. Pero no, no estoy pasando nada, ni bueno ni malo; soy una soldado, y cuando se me abre por descuido algún resquicio a la emoción tengo la osadía de que sean celos porque mi pretendiente se presenta con otra. Hasta ese punto ha llegado mi frivolidad. No hay lágriimas para la muerte de mi padre, ni para la no muy lejana de mi madre. Ni lágriimas, ni coplas, ni misas, ni velas ni nada. Cuando eso entre, entrará también el remordimiento que es la más letal de las enfermedades.
Me quedo muchas tardes junto a la de la limpieza en el instituto. Exprimo mis recursoso y me sirvo de los del centro. Agoto la hidratación de mis ojos entre tanto documento y pantalla. Voy de las grandes mesas de la sala a la pared de los ordenadores, y vuelvo a la mesa y vuelvo a los ordenadores, me levanto, camino, voy a consergeria manipulo la impresora -ya soy una experta- vuelvo a la sala, subo a la tercera a la clase donde me he dejado el portatizas a la última hora.
La de la limopieza ya va a echarme y después , para relajarme -lo descubrí en noviembre- cojo el coche y  me lanzo por la  cuesta de  la BV5022 con la intención de hacermela de nuevo de subida, cuando ya anochece y tengo elegida la canción que sonará a toda pastilla mientras contemplo la estampa que me viene renovando el final de los dias: las luces encendidas de la colina de Cabrils.

8 comentarios:

  1. Buf, el coche, la música y un bonito paisaje, qué sensaciones ¿verdad? Es algo liberador, relajante.
    Lo que quieras, pero a modiño ¿eh, Gata? Tranquila, que se marcharán.
    Bicos.

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  2. Qué bien escribes, qué hermosura de sencillez y grandeza. Muchas gracias por permitirnos...

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  3. ¡ Por fin, un texto ¿ tuyo -suyo? !
    Las personas que nos quieren nos dicen que el sufrimiento nos hará bien. No es verdad. Sólo volverá mejores a los que ya sean mejores. A los otros nos romperá y nos llenará de rencor hacia los dioses , hacia los que se nos han marchado para siempre, y a nosotros mismos, por haber aceptado su marcha.

    Pero el cerrarse al dolor es peor. Que uno se acorcha, y el tiempo hecho corcho es tiempo de vida perdido.
    Por propia experiencia, recomiendo el dejarse invadir por el dolor, pero no sin protestar contra el cielo y contra todo. Por lo menos, una se desahoga, y luego le viene una sensación de azaro no demasiado desagradable...

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    1. Yo cada vez soy mejor, viejecita. A mí de tú.
      Lo de abrirse al dolor es como aquello de tirarse por la catarata cuando es ya la única salida; o eso, o te cogen los malos. Pues eso.

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  4. Pues ya sabes que yo soy muy generoso, así que todo el bien para los demás, usease todo el dolor, que yo me quedo tan ricamente sin nada y muy agusto... :)
    Hoy estoy muy sensible, si pudiera te daba un casto beso de amiguete...pillín...jajajaja
    Te echaba de menos... :)
    Besos y salud

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    1. Gracias Genin. Yo no creo en el dolor como experiencia redentora (hay mucho gilipollas por ahí diciendo gilipolleces, los que más los headhunters, claro), pero tiene una cosa buena: el alivio que sientes si se marcha (me estoy acordando de un chiste de un señor que se compraba (y ponía) los zapatos dos números más pequeños que el suyo...).
      Salud y besos.

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