Los pajaritos cantan, las nubes se levantan...¡Que caiga un chaparrón!
Yo no puedo arreglar el mundo.
Leí en una ocasión, hace bastantes años, que comenzar las frases con la palabra "yo" era síntoma de prepotencia y arrogancia. Desde entonces siempre he tenido que castrarme para no comenzar las frases con la palabra "Yo" (seguramente soy prepotente y arrogante). Bien, como:
-ya cumplí los cuarenta;
-ya alcancé lo que quise gracias a mi esfuerzo (y a no utilizar la palabra "yo" en los principios de frase), y porqué no, también gracias a un poquito de suerte;
-ya me salen canas hasta en salvas sean esas mis partes (¡ma che bellezza!)
-ya coticé una barbaridad a la SS;
-y ya me dieron una patada en el culo, sin razón ni justificación alguna un capullo enano al que nada, nada le debía (según él seguro que pleitesía. Gilipollas);
Después de todo eso, creo que ya puedo utilizar sin ningún complejo de culpabilidad, la palabra "yo" como comienzo de frase. Además creo que, dadas mis circunstancias actuales, puedo utilizarlo como parte de la terapia para escalar las paredes del agujero.
Bueno, a lo que iba: que yo no puedo arreglar los grandes problemas del mundo.
Yo no puedo (por poner de ejemplo el problema padre de todos los demás problemas) acabar con el tráfico y el abuso de los seres humanos por parte de otros seres humanos. Este hecho, con diferencia, es lo que más, lo que más, me ha preocupado, hundido, irritado, anulado, desarmado ante la visión de mi presente y futuro a lo largo de mi vida. Declaro que la certeza absoluta de la presencia del mal (abusar de otro ser humano es la prueba irrefutable de la maldad en estado puro), me ha hecho sentir miedo toda mi vida. Miedo, no sólo por descubrir lo mucho que pueden sufrir algunas personas y hacer sufrir otras, sino también porque como humana, yo podía (y puedo) estar a un lado u otro de la acción (abusar o ser abusada) y ambas situaciones me producían (y me producen) pavor absoluto. Es un miedo que recorre toda la médula de mis huesos y que mira y observa cómo van naciendo cada uno de mis leucocitos, hematíes y plaquetas. Con lo cual, inunda cada partícula de mi sangre, que me irriga entera de piés a cabeza bombeada por mi corazón. Así pues, podemos decir que desde que tengo uso de razón, llevo el miedo metido en el cuerpo.
Dicho y asumido esto, voy a centrar mi atención en las cosas a las que sí tengo alcance.
Yo no puedo acabar con el abuso, pero puedo no abusar.
Yo puedo lamentarme de lo que he perdido pero también puedo dar gracias por lo mucho que he disfrutado, por poder contarlo y por lo que todavía tengo.
Yo puedo irritarme y maldecir por una situación adversa que no he provocado, pero también puedo alegrarme y bendecir por todo el abanico de buenas posibilidades que se me abre.
Yo puedo querer permanecer en mi estado cómodo aunque sea de insatisfacción, pero puedo también querer pasar al estado activo de búsqueda de mi felicidad.
Así pues, una cosa te voy a decir querido:
Yo no soy Eleanor Rigby.
Soy el espectáculo del amanecer en los Andes abriéndose ante ti.
Soy la rosa de Alejandría, colorada de noche, blanca de día.
Soy el humo que ciega tus ojos.
Soy el té para dos.
Soy el hayedo de Tejera Negra.
Soy una aurora boreal en tu cocina.
Soy la tierra.
Y soy el aire que no respiras.
Soy el canto del jilguero.
Y soy el campo de fresas para siempre.
Pero si tú no quieres, yo no puedo obligarte a que abras los ojos, mires hacia mí y me veas.
De cualquier modo te apuesto, querido, a que tú acabarás comiendo de mi mano y soñando que lo que me comes es el fresón. (Soy guarromántica porque el mundo me hizo así.)
Y que rompa los cristales de laes-ta-ción.
(Te vas a cagar)
Amén.
Bueno va, no quería (porque me sabe mal por la pobre SGAE), pero la voy a poner:
(Ya está bien tanto Beatle. Canción inmortal forever es ésta)
Bueno, Gata, después de la entrada anterior (que no me atreví ni a comentar ;-), te veo fuerte, muy fuerte. Esto ya es otra cosa. Y busca la felicidad o lo que sea, que "El que busca, encuentra". Campos de besos forever.
Gracias Blue. No te quepa la menor duda que agradezco y no sabes cuánto que te pases por aquí y me dejes siempre algo de cariño. Estoy peleando como un gato panza arriba, y si has visto alguna vez a alguno en esa circunstancia, ya sabes que, o gana, o acaban con él; no hay termino medio. Un abrazo fuerte. (Ayer estuve en Madrid en el concierto de la JONDE...Tengo que escribir algo sobre eso. Ir a escuchar una orquesta joven y no salir cargada de energía, es imposible) Besos nena.
¿Cuánto de personales?
La de la foto no soy exactamente yo; se la he cogido prestada a un amigo (Manolo Cabrera) que me dijo que me cedía los derechos. Le he pedido que me haga una de un gato mojado, pero todavía no me la ha enviado.Dice que si sé lo que corre un gato cuando se moja. Y sí, algo sé de eso...Así es que esperaremos y mientras, nos quedamos con esta deliciosa mona de cara colorada. Es que es muy pudorosa. Como yo.
Bueno, Gata, después de la entrada anterior (que no me atreví ni a comentar ;-), te veo fuerte, muy fuerte. Esto ya es otra cosa.
ResponderEliminarY busca la felicidad o lo que sea, que "El que busca, encuentra".
Campos de besos forever.
Gracias Blue. No te quepa la menor duda que agradezco y no sabes cuánto que te pases por aquí y me dejes siempre algo de cariño.
ResponderEliminarEstoy peleando como un gato panza arriba, y si has visto alguna vez a alguno en esa circunstancia, ya sabes que, o gana, o acaban con él; no hay termino medio.
Un abrazo fuerte.
(Ayer estuve en Madrid en el concierto de la JONDE...Tengo que escribir algo sobre eso. Ir a escuchar una orquesta joven y no salir cargada de energía, es imposible)
Besos nena.
Ahhhhh...."La música excava el cielo" (Baudelaire).
ResponderEliminarUn beso (tu eres de las que ganan ;-)