Fases lunares



lunes, 11 de enero de 2016

Confinada a la tierra.

                          

Mi patio es como un hangar de aves averiadas donde llegan todas las que no pueden volar. Un hangar perpetuo, porque de aquí ya no salen. Hace unos días apareció un pollo jóven (redundancia) de tórtola; al parecer, se dejó caer, y no podía volar. Estaba desayunando, y de repente me la veo a través de la cristalera paseándose por el cemento. Me pregunto qué les hará pensar que pueda ocuparme de ellas, cómo pretenden que les enseñe a volar, yo, que bien sabe el cielo nací sin alas.
Ciertamente, y a pesar de lo arisco de su carácter, pues todas son salvajes, es grande el bien que les procuro. Aquí corretean, picotean toda la comida que les pongo previa documentación (cualquier cosa menos estudiar las oposiciones) sobre qué es lo adecuado que coman según la especie, se bañan en las bañeritas a las que cada día cambio el agua y dispongo repartidas por el jardín (cualquier cosa menos estudiar las oposiciones), y se posan por aquí y por allá como si estuviesen en un paraíso particular, un Bird Paradise Resort, un santuario de aves que dicen por algunos sitios. Por más que lo intento, la tórtola no vuela. No la fuerces, me dice mi padre. Pero es que alguien tendrá que decirle que tiene que volar, le replico, aquí no están sus padres. Ella ya se recuperará y se marchará. Amén, porque ellas ya conocen el precio del edén: su libertad. Con lo cual automáticamente deja de ser un edén, puesto que el bien más preciado por encima de cualquier otra cosa en la vida,bien lo sabe el rico, es la libertad. Así es que este precio es un precio paradójico, no puedes pagar con lo que quieres conseguir. Pero esto sucede continuamente en la vida. Nadie, nadie que viva en un edén, conserva la libertad. Y ningún libre vive la vida en ningún paraíso, “la libertad ni se compra, ni se vende, ni se hereda, ni se mendiga. A (mi nombre) la informal”, me dedicó un escritor infantil que vino a nuestro colegio cuando eramos niñas y nos regaló su libro. Pero la libertad es una utopía, no existe, porque además es una quimera. A penas tenemos noción no ya de poseerla, sino de entender su significado. Por eso hay tanta gente que se considera libre, y nadie lo es. Unos lo somos más que otros, pero libres, libres... Cuando estemos muertos.
De la libertad solo existe el concepto; que nació por anhelo, un anhelo congénito. Andaba el primer filósofo de la Historia viviendo de renta por ahí (como buen filósofo), y le vino al pensamiento la expresión genética del anhelo primitivo. El concepto de libertad. Y cuando le dio la forma verbal, ya todo el mundo reconociéndose en su anhelo primigenio, no ha dejado de hablar de ella desde entonces. Y dedicarle himnos, arengas, peroratas, canciones, poemas, películas...bla,bla,bla.
Por eso es que me produce cierto estrés ocuparme de los pájaros heridos, porque sé que están renunciando al despegue, al vuelo batido, al planeo, al tirabuzón, a aterrizar, en definitiva, al don de volar; por eso y porque convivo con dos gatas callejeras. Y raro es el día que no emule yo a la Nicole Kidman en Los otros, cerrando las puertas tras de mí; ella para impedir que entrase la luz que supuestamente dañaría a sus hijos supuestamente (spoiler) vivos, y yo evitando que me sigan las gatas, pues la tórtola sería presa facílisima y solo me faltaba presenciar una escena gore con la consiguiente bronca antinatural que les echaría. Así es que tengo establecido un régimen penitenciario de salidas al patio: las gatas bajan conmigo de buena mañana antes de desayunar. Pegan una vueltecita, comen algo de hierba (yo debería fumármela), y nos volvemos a meter para la casa subiendo a galope (ellas) las escaleras para que les dé la comida. Una vez están comiendo, bajo a liberar a la tórtola, que ha pasado la noche en el transportín de ellas que le he habilitado a modo de dormitorio pues ha resultado ser el lugar más seguro, y las mininas ya no podrán volver a salir al patio hasta la noche, después de que yo haya capturado a la tórtola no sin dificultad y desasosiego por parte de ambas (ella y yo) y habiéndola metido de nuevo en el transportin; con lo que el concierto diurno de maullidos protestando porque no les abro la puerta está garantizado. Y así llevo una semana. Cualquier día de estos me sorprendo consultando recetas de arroz con pichón.
A ti siempre te vienen los chungos, ¿no, tía?. ¿A qué te refieres?. A los pájaros, te vienen todos los chungos. La canaria aquella y ahora éste. Ay, hija mía, ¡Si solo fuesen los pájaros!

7 comentarios:

  1. jajajaja Si, si solo fuesen los pájaros, aunque también hay pájaros de dos patas y sin plumas ni pico...jajaja
    Libres, libres, ni siquiera cuando estemos muertos porque entonces ya no estaremos ni seremos... :)
    Besos y salud

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    1. Pero si estás muerto ya no eres esclavo de nada. Ya no sufres. ¡Eso!: la libertad es la ausencia completa de sufrimiento, y lo más parecido a eso es la muerte.
      Salud y besos.

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  2. Una vez Gengis dijo una cosa sobre distinguir entre libertad y potencia que me pareció muy importante, pero ya no me acuerdo bien y ahora me estoy liando mucho al pensarla. Haz el favor de aconsejar a las gatas en materia de anticoncepción, que te van a hacer del hospitalillo una maternidad y ya verás luego qué drama. Tus trabajos con las gatas y la tórtola me parecen desasosegantes por demás. Quiero más capítulos.

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    1. ¡La tórtola acaba de alzar el vuelo, Procu! Ha sido brutal. Estaba yo tomandome el café, menos mal que he podido prsenciarlo, si no, al volver de clase y no verla me hubiese vuelto loca.
      Ha empezado como a hacer pruebas; yo la miraba dando saltos y batiendo las alas y digo ¿pero ésta qué hace?, pensaba que estaba espantando a algún otro pájaro. Y en eso...¡HUALAAAAAAAA!: Se ha ido volando al tejado. Y yo corriendo por la escalera para verla. Y en eso, se ha dejado caer en el tejado la tórtola que vino el otro día (que se vé ha estado todo el tiempo ahí esperándola). Ella ha dado unos pasitos hacia atrás, asomándose al patio, yo quiero creer que para despedirse de mí, y se han ido las dos juntas volando.
      JO. HA SIDO SÚPER ¿Vale?
      (Si vuelve, escribo otro capítulo)

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    2. (Procu, las gatas están las dos esterilizadas y les pasa como a mí, que no tienen deseo sexuá -aunque yo no estoy esterilizada. Creo-.)

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  3. Esas gatas están mejor esterilizadas y seguro que tienen otros deseos. (Por ejemplo, de zamparse un día una tórtola como es debido).

    Qué bonito final para la historia de la tórtola. (Qué bonito principio de las otras desgracias que les van a venir entre alegría y alegría). Seguro que vuelven: Lo escribas.

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    1. HA VUELTO. A dormir. Cuando me recupere del shock intentaré escribir nuestras sensaciones. Las del pollo (es un pollo y la que estaba con ella no es su pareja -como yo pensaba y deseaba y ya había decidido que se casaban y se comían todas las perdices del mundo como dos tortolas terminators draculonianas- sino uno de sus progenitores) y las mías. En fin. Mi pollo en un transportin.

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