Josefina,
la tórtola a la que le he dado en mi patio cobijo y asilo de todo tipo, incluído el
político, ha sido localizada por sus padres y por su
hermana de camada quienes todos los días vienen a visitarla, sobre
todo la hermana, que suele quedarse con ella cuando los padres se
van, y a la que el otro día me tocó espantar pues había decidido
la señora achocarse sobre la tierra pretendiendo pasar la noche
allí; y claro, hubiese sido una risa para mis gatas salir a la noche
y encontrarse la comida ya empaquetadita sin moverse, lista para el microondas. Todos pueden
volar (bueno, las gatas todavía no) menos ella, que tras ser
minuciosamente examinada por mi progenitor y yo misma, ha sido
diagnosticada de posible politraumatismo pichónico con resultado de
pulverización del codo del ala derecha, el cual ha sido inmovilizado
mediante una arriesgada maniobra de vendaje con un esparadrapo. El
pronóstico es reservado si bien la paciente refugiada come con
normalidad aunque fingiendo desinterés, duerme como una querubina y
vuela como el superhéroe americano, dándose unos guarrazos contra
todo lo que pilla por delante que pa qué, pero al igual que el
susodicho, no ceja en su empeño, lo cual demuestra que mantiene la
moral elevada (no así la mía). Además ha aprendido a subirse a una rama baja del pelado Ginkgo, que me viene justo a la altura de los ojos y me facilita mucho la maniobra de apresamiento cuando oscurece.
Hace
dos días acudieron, como las moscas aquellas a un panal de rica
miel, una docena de tórtolas, cosa que hace sospechar que se ha
corrido la voz entre la población tortolil, y mi patio se ha
convertido en el nuevo must de la algarabía alada. Este hecho me
produce cierta desazón puesto que interfieren con los clientes
habituales del lugar, a saber: los gorriones y los cuatro verdecillos
que se han apegado a su bandada; el majestuoso colirrojo tizón; y un
mirlo que ha resultado ser el mejor alimentado; para mí que está
documentado en Integral, puesto que da buena cuenta de los
copos de avena que todos los demás desprecian caminándoles por
encima e incluso soltándoles alguna cagada desde las alturas, de los
trocitos de tomate, y picoteando las medias manzanas y naranjas que
le dejo por el jardín. Los demás no me comen nada de fruta, solo
comen: el alpiste y el pan, los pajarillos -o sea, los gorriones, los
verdecillos y el colirrojo-; y el pan y los granos de arroz (se lo
he comprado integral) las tórtolas. Sin embargo el mirlo come de
todo, se como todo lo que comen las otras y además, la avena, las
frutas, el tomate, e incluso se pone a escarbar en busca de alguna
lombriz. Observo al mirlo y pienso en todas esas personas de Madaya,
por nombrar la noticia más reciente que tenemos de muertes de seres
humanos por inanición, y
lo que darían por estar en su lugar. Miro al mirlo y contemplo no ya
lo mal repartido que está el mundo, que eso es una obviedad, sino lo
hijodeputa que es el ser humano, como si eso no fuera una obviedad.
Lo es, los humanos somos hijos de puta, pero declararlo te convierte
en inadaptada antisistema. Cuando es así, que no entender que los
humanos, como especie, somos basura, es ser de un tonto supino.
Al
mirlo, el programado y por tanto limitado espectador de qué se yo,pongamos por caso, un Sálvame de Lux,
podría tildarlo de glotón, pero el mirlo es realmente un
conquistador, un corsario, un pirata, un mercader (le he visto alzar
el vuelo con trozos de comida en la boca). El negro mirlo es el rey y le he puesto de nombre Lionel.
Es
por todo ello que no me hace mucha gracia que me venga aquí toda la
bandada de tórtolas, no ya a cagarse en la comida del pobre mirlo,
sino a espantarme a todos los demás. Los gorriones no es que se
amedrenten, porque aunque huyen cada vez que los atosigan las
tórtolas, no se van muy lejos, y como son mucho más ágiles y
virtuosos en el vuelo y en la realización de fintas y piruetas,
consiguen bajar a comer a base de no rendirse -sin duda estos serían de
Podemos-; pero les cuesta más, están estresados y me estresan a mí
que no consigo sacar las fotos ni acomodar,desparramándola, mi alma
en el goce y deleite de una plena observación calmada (cualquier
cosa antes que estudiar las oposiciones).



Que bárbara, has convertido tu patio en el paraíso para refugiados plumíferos que ya querrían para si los sirios descarriados por Europa los pobres, dándote seguramente la razón en que los seres humanos somos unos hijos de puta. Los plumeros y yo no nos ajuntamos demasiado, mas bien sentimos cierto desprecio los unos por el otro, usease por servidor, pero de vez en cuando yo si me pongo serio con los gorriones cuando los muy hijos de su madre forman el escándalo padre para despertarme y eso si que no se lo consiento, en ese caso todo es válido menos situaciones cruentas para disuadirlos de hacer de despertadores oficiales, nada mas que porque a ellos les da la gana... :(
ResponderEliminarBesos y salud
Jajaja, sí, ya sabía de tu manía por los pobres gorriones!, pero si no hay nada más agradable que despertarse con el dulce piar de los pajarillos!
EliminarSalud y besos, Genín.
Tu jardín es el congreso de los pájaros. Qué risas con el mirlo y los gorriones de Podemos. No tienes remedio. Me apuesto una oreja a que el colirrojo tizón es de Ciudadanos. :)
ResponderEliminarLa conservas, maja. Efectiviwonder, el colirrojo aprovecha siempre el tirón de los gorriones para acudir, y cuando ve que las tórtolas están entretenidas con los bravos gorriones, los termóphilos, el, zaca, se pone a comer, y cuando ve que la cosa se pone fea es el primero en largarse. A él solo le importa él. Lo que pasa es que es guapísimo, llama la atención lo precioso que es. Creo que le voy a llamar el Arrimados.
EliminarJUAJUAJUAJUAAA
ResponderEliminarEres malisma de toda malismidad, Gata.
No es cierto, yo no soy nada mala, de buena que soy rayo la bobería; si fuese mala no me hubiesen quitado el trabajo. Solo que no me gusta que me vacilen (como tampoco te gusta a ti) y planto cara a los mentirosos, a los aprovechados, y a los tontos del culo (en esta última categoría entrarían los chulos, los misóginos, y los soplapollas). Lo malo es cuando planto cara a los psicópatas, esos están como una puta cabra (evidentemente).
EliminarBueno, mala no. Rebelde, como la Janet.
ResponderEliminarOye, Gati, que a mí sí me gusta que me vacilen, aunque según el diccionario solo en Colombia, Costa Rica, Cuba y Guatemala:
ResponderEliminar4. intr. coloq. Col., C. Rica, Cuba y Guat. Gozar, divertirse, holgar.
Ya, claro. Me estás vacilando, Procu.
EliminarYo pensaba que era en todas partes, como en las discotecas y en las verbenas. Pero se ve que no.
ResponderEliminarBuf, qué bien te entiendes con los pájaros. Yo pienso en palomas y gaviotas y ya me enfado, jaja.
ResponderEliminarMuy chula la segunda foto. Parece un cuadro.
Bicos, Gata.
Pues tendrías que ver a mi padre. ¿Cómo que te enfadas? ¡Madre mía!
EliminarLa foto está hecha con el móvil, y salió el flash porque estaba oscuro.
Bicos, azulona.
Porque están muy agresivas y ya no se puede estar tranquilo en una terraza. Aunque estés en una mesa se acercan y tiran con todo por comer un churro. Es algo reciente que hasta hace dos o tres años no pasaba. La explicación no la sé, dicen que es porque en los puertos ponen halcones para que no se acerquen y por eso están hambrientas. Ni idea.
ResponderEliminarBicos e bos días.
Las gaviotas son del PP de toda la vida, unas ladronzuelas.
ResponderEliminarBicochones.
Muchas felicidades, Gaturri.
ResponderEliminarMe alegro muchísimo, por ti y por ellos, qué suerte han tenido. Lo vas a hacer de maravilla.
Gracia, gracias, gracias, Procu, maja.
EliminarBesos.
Perdón,deje felicitaciones en el el otro sitio al que no te da la gana de venir.Te leo y me lo paso bien con tus cosas que escribes. Un besiño y cuídate.
ResponderEliminarEn el otro sitio me banearon, a donde te banean no debes volver.
EliminarMuchas gracias,
Bicos wiki, cuídate también tú.