En la otra clase tengo a Eugeni,
hiperactivo e hijo de granjero. Cuando hago leer a Eugeni en voz alta para toda la
clase algún párrafo de vídeo que està en castellano, él, a sus trece años, lo
va traduciendo directamente al catalán. Tiene vacas, ¿para carne o para leche?,
indago. Unas para carne y otras para leche, me responde. ¿Qué podría yo
enseñarle a éste crío sobre el ciclo de la vida?
En esta clase tengo a Sergi y a
Germàn que son dos niños paralíticos que van en silla de ruedas. Cuando mando ejercicios
a la clase todos gustan de que pase a vérselos hechos en la libreta. ¿No vas a
pasar a mirarnos las libretas? Me inquieren indignados. Y yo, como me huelo el
percal de las consecuencias ante la falta de valoración del esfuerzo, claudico y acudo, solícita y resignada. En
esas estaba, agachada sobre el enésimo esquemita de marras de la respuesta de
las plantas a los estímulos, los tropismos, cuando de repente escucho unas
cuantas voces gritando al unísono:
-“¡Milagro!, ¡Milagro!”
Levanto la vista algo inquieta y me
veo a Sergi de pié, erguido y apoyado sobre la mesa. Abandono de inmediato la
obra de ingeniería conceptual del alumno con el que me encontraba y me alargo
rauda al sitio de Sergi,
-¿Estás bien?, ¿Qué te pasa?
-Nada, es que tengo que ponerme de
pie a veces, porque me duele mucho la espalda.
En ese momento estallan varias
voces jaleantes al grito de:
-“¡Ahora tú, Germán! ¡Ahora tú! ¡Levántate!"
Pero Germán no puede ponerse de
pie. Es un niño de cuerpo grande en el que se aprecian ya ciertos cambios
hormonales, con unas piernas muy pequeñas, completamente inmóviles. Le miro
espantada y contemplo cómo sus hombros se agitan arriba y abajo mientras
vislumbro en su cara los ojitos cerrados y una sonrisa apretada y contenida.
Se está riendo(¿Pero de qué van estos pequeños cabrones?).
Me lo quedo mirando fijamente, y él
me dice,
-Profe, ¿A tí te gusta el humor
negro?
-Mucho, Germán, mucho.
-¿Ah sí?, pues te vas a hartar.
El carnaval aquí es un estilo de vida. Me han dado dos días de asueto que aprovecho para regresar.
La terra rossa es un tipo de suelo fértil y por ende cultivable que se forma en los poljes por la precipitación de las impurezas de arcilla contenidas en las rocas calcáreas que al entrar en contacto con el agua y el dióxido de carbono se disuelven. Y yo había llegado a este punto de mi vida ajena a este hecho.
Me produce un enorme y estéril desasosiego saberme en un par de días durante seis semanas seguidas abandonada en la montaña, con todas estas fieras disimuladas. Y eso que sé, que nunca tanto como ahora fue la montaña el mejor refugio.

¿Estás de Seño?
ResponderEliminarNunca me lo hubiera imaginado, pero en fin, que se te de bien con las fieras enanas :)
Besos y salud
Bueno, he contado esta historia. No recuerdo si la soñé.
EliminarSalud y besos, Genin.
Eh ¿eres tú o es una novela? Es que está tan bien escrito (y ya sé que tú eres capaz) que creí que se trataba de un fragmento de una novela.
ResponderEliminarSabía que estabas fuera, pero no sabía que fuera por eso. Ahora ya estás dentro y te llamarán más veces, ya verás. El caso es que quieras, jaja. Ya contarás qué tal te fue.
Bicos, Gata
Soy yo en un guión escrito por Berlanga.
ResponderEliminarQuiero, quiero. A todos les hace feliz.
Besuchones, Blue querida.
Esos críos dan mucho miedo, pero les vas a querer. Feliz regreso a la Montaña y escríbelo to-do. Aquí.
ResponderEliminarVale, Procu, gracias.
ResponderEliminarEsta vez me llevo un pito (un silbato) de cuando fui árbitro. Paso de desgallitarme de lo que tengo que gritar. Lo mismo les saco tarjetas y todo. Fins aviat! (O no, yo qué sé)