URNASIS
CAPITULO UNO
-¡Quiero ir a Cerveteri! ¡Y
a Perugia! La loca grita entusiasmada dando saltos y palmas. Nadie la ve. Acaba
de leerse un trabajo de ciento ochenta páginas de un filólogo clásico sobre la
influencia anatolia en la onomástica etrusca. Por el camino, ha aprendido lo
que es una vocal epentética y de ahí la epéntesis. Se ha informado sobre la
haplología y ha conocido que existe una divinidad fálica que se llama Mutunus.
Todo eso saltando de acá para allá. No le da importancia porque sabe que todo se le olvidará en unos días.
Su padre semialcohólico
recién hacía que había venido a hacerle una visita para ponerse un trago a
espaldas de su mujer, la madre de la loca. Su padre, el emperador, acostumbra a
ir a su casa con la llave, y entra sin más sin llamar ni avisar ¿Por qué? Ah,
porque la loca es soltera. Nunca pide permiso ni pregunta si le viene bien a la
loca. Ella ahora no es que se haya acostumbrado, pero se ha resignado. Al
principio lo vivía como una auténtica pesadilla, desestabilizándola e
inquietándola constantemente; ella piensa que eso fue uno de los factores que
sumó a la hora de desviar su camino de sacerdotisa hacia el de loca. No
obstante, siendo todavía sacerdotisa le dio tiempo a tomar la decisión más
difícil de su vida, la de que su salvación no dependería de la salvación de
ningún otro. Eso incluye la salvación de su madre, la emperatriz.
La emperatriz está en un punto de no retorno, siendo una de las mujeres
más hermosas del planeta se quedó muy atrás en el pasado y con ella toda su
belleza. La emperatriz fue juguetona y graciosa. Desbordaba una alegría
complicada de detener, pero tal detención, se la planteó un genio ocioso como objetivo. Sabia
como pocas, con una sabiduría aprendida de su padre, el sumo sacerdote -el
abuelo de la loca-, transmitió a sus hijos el valor del honor y la compasión,
esta última entendida no como una posición de superioridad frente al otro, sino
del otro como imagen de uno mismo ("imagínate que te pasa eso a ti, ¿cómo te gustaría que te tratasen?" les decía siempre a los niños)
Después de navegar por
diferentes páginas, imágenes, vídeos, sobre Cerveteri y Perugia, la loca se
calma. Sí, cuando vuelva a tener pasta, iré sobre todo a Cerveteri. Cierto que
tengo pendiente Nueva York, Tokio, y Roslyn en el estado de Washington (de cuando le dio la neura con la
serie televisiva del Dr. Fleishman), pero creo que mi deber moral para con los etruscos,
ese gran pueblo del que se hacen tan magníficos chistes, es ir a visitar
Cerveteri. Después me retiraré a algún sitio cercano a San Millán de la Cogolla; cierto que juré que
sería Galicia a ser posible algún lugar de Pontevedra, pero he decidido que
allí el entorno me distraería irremediablemente de tal forma que me impediría
encontrarme profundamente conmigo misma y alcanzar el nirvana (esto lo dice habiendo enviado su CV a una oferta para Pontevedra hace unas horas). Hay algo que me
dice que lo correcto, lo adecuado, lo recomendable para llegar con fruto al poniente
de mi vida, es pasarlo en algún lugar cercano a San Millán desde donde pueda divisar el monasterio.
La loca continúa con sus
divagaciones infinitas, posee un componente místico desde su más tierna
infancia y sabe, que si Dios existe, es que este mundo es el infierno. Ella no
ha tenido una mala vida, ni más desgracias que las habituales en una vida
normalizada, las pérdidas de sus
abuelos, de alguna amiga por enfermedad o accidente, algún mal de amores, la
pérdida del trabajo; pero siempre percibió el mundo como el infierno al que se
refería la Biblia. Hay grados de infierno, por eso algunas personas tienen unas
vidas terribles llenas de sufrimientos físicos y psíquicos; otras piensan que
tienen unas vidas fabulosas al carecer de la conciencia de su mezquindad, su particular infierno; y otras circulan por la vida como lo haría un helecho si tuviera patas para moverse.
En el mundo hay típos
que consideran que cualquier episodio de su vida merece ser relatado al minuto,
y que cualquier pedo suyo vale más que la madre de cualquiera. Estos individuos suelen conseguir rodearse de un coro de hienas antropomórficas que les aplauden
los pedos mientras les ríen sus desgracias -un coro en corro, y en el centro el pedorro-.
Se percibe el universo como
infinito, sin embargo la loca lo que percibe es que no hay nada más infinito
(sabiendo que el infinito, por su propia idiosincrasia es imposible de gradar)
que la miseria humana.
Los humanos son unos seres
que terminan agrupándose para vivir. En principio con el fin de ayudarse a
conseguir y conservar los recursos y la vida, pero finalmente los humanos viven
juntos para poder soportarse unos a otros sus tremendas miserias. La loca se
pregunta porqué hay tanta gente creyente en un ser superior que escogió a la
especie humana como su criatura favorita. La loca se pregunta qué explicación
dan los creyentes por ejemplo a los dinosaurios ¿fueron un experimento de Dios,
que al comprobar que no le construían altares los aniquiló y siguió inventando hasta que le salió el hombre?
La loca se refugia en su
propia y auto procurada locura para huir del sufrimiento. Una vez se atrevió a
solicitar el micro en una convención de una importante aseguradora, importancia
determinada por su dimensión y facturación en bolsa, para rebatirle al orador su afirmación de que
no hay nada peor que la muerte. La loca entonces iba para sacerdotisa y una vez
le proporcionaron el micrófono se levantó y ante todos los presentes se
enfrentó al conferenciante (un alto cargo de la aseguradora) y le espetó que sí
había algo peor que la muerte y que ese algo era el sufrimiento. Que sufrir en
algunos casos era mucho peor que morir, porque morir no te lo evita nadie, pero
sufrir no es imprescindible, y que había algunas vidas con tanto sufrimiento
que lo mismo no valía la pena ser vividas. Al día siguiente la jefa de la
oficina de la entonces sacerdotisa en ciernes, la hizo llamar y le informó de
que a las altas esferas no les había gustado su intervención y que se habían
quedado con su nombre. La presacerdotisa inició su conocimiento de cómo
funcionaba la sociedad humana. Por aquel entonces comenzó a cultivar una
misantropía que le crecía espontánea y salvaje por todos los rincones de la
casa y del alma, suponiendo que ésta existiese.

Me cae genial la loca, incluso hasta me siento identificado con ella... :)
ResponderEliminarCuidate de estos calores tan arrechos que pueden hacer mucho daño al coco... :)
Besos y salud
¿Qué coco?
EliminarBesos y salud, Genin.
Uf, menos mal. La semana pasada no pude comentar porque tenías el blog para lectores invitados así que creí que me habías cerrado la puerta en las narices, jaja. Bueno, mañana te leo, que hoy ando algo apurada.
ResponderEliminar¿Es una novelita?
Bicos.
Cuando cierras el blog, sale eso a quien se conecta; solo podía acceder yo, ni lectores invitados ni pollas. Cosas mías, necesitaba concentrarme. Es que como no ando bastante jodida, hay quien se dedica a pisarme la cabeza cuando estoy en el suelo. Son unos lechuguinos que no pasan de ladillas.
EliminarSí, es una novelita. Sé cómo empieza, pero no tengo ni idea de cómo ni por dónde acabará. Lo mismo no la termino nunca.
Besuchones.
Vale, entendí.
ResponderEliminarPues claro que no hay nada peor que el sufrimiento. Si estoy allí, te aplaudo, plas, plas, plas.
Si no sabes cómo termina es porque ya estás enredada en ella, jaja.
Bicos, Gata.
Sactamente azulona, la cosa sigue.
EliminarMás besuchones.