Esos pequeños huequitos que se te han ido abriendo a modo de cavernas de una tuberculosis emocional, y que te han dejado el corazón como un queso emmental, tu favorito.
Esas inmensas pequeñas llagas que de repente te notas
ahí que duelen doblemente cada vez que respiras, una por el latigazo del aire
rozándolas y la otra por saberte viva todavía.
Quiero tanto que este sentimiento se convierte en una
neoplasia invasora que va a su bola haciéndote estallar en pequeñas explosiones
de cariño que algunos reciben como bofetadas. Y es que el amor desmesurado se
sale siempre de macetilla, es lo que tiene la desmesura.
Pero este estado te hace tomar las explosiones de los
otros como bombonas de oxígeno Fénix con efecto isoniazida B6 para la confianza
(“si confías, nunca ni de nada te cansarás”)
Anteanoche me sacó a cenar mi amiga L.
Mi amiga L es una lección de Ser, andante. No conozco
a ninguna otra persona con esa capacidad de ponerse los zapatos de cualquiera y
correr la maratón de Nueva York con ellos.
Tiene que venir a una despedida de soltera –esa cosa
espantosa a la que tú toda tu vida te negaste a acudir y que por hache o por
be, siempre has conseguido salir airosa. Me niego a presenciar la ridícula
procesión de autómatas sociales con un dildo en la cabeza, muchísimo menos de
participar en ella- , y se las ingenia para venir la noche de antes, enredar a
su hermana y a una prima, y sacarte de noche de chicas. A gastos pagados. L más
que nadie conoce la situación en la que me encuentro, y sigue tratándome con el
mismo respeto y admiración con el que me trata desde hace años, pero con diez
mil veces más paciencia. Ella no tiene ni idea de la responsabilidad que sí tiene
en mi supervivencia. Ella no sabe cuánto la admiro yo, el vapuleo moral que me
da y me ha dado durante todos estos años en el ring de espuma que suele ser la
amistad.
Reflexiono, y llego a la conclusión de que quizá las personas a las que queremos, las queremos por la imagen de nosotros que nos ofrecen. Acabas queriendo a quien intenta por todos los medios que te quieras. Y en ese sentido L me pide un autógrafo y mil fotos cada vez que nos vemos. Tiene unos cuantos frentes abiertos: presión en la empresa, dos hijos preadolescentes, una madre enferma, un hermano hippy que le ha dado no sé cuantos sobrinos cada uno de una madre, media docena de amigas divorciadas, una trágicamente viuda reciente -el fallecido también era amigo de L-, pero siempre tiene un rato, un pensamiento, una llamada de teléfono para todo el mundo. No ha habido ni una sola semana, ni una sola, en estos casi 4 años que no me haya llamado, y no le ha importado lo borde, desagradable y cardo que he podido estar.
Reflexiono, y llego a la conclusión de que quizá las personas a las que queremos, las queremos por la imagen de nosotros que nos ofrecen. Acabas queriendo a quien intenta por todos los medios que te quieras. Y en ese sentido L me pide un autógrafo y mil fotos cada vez que nos vemos. Tiene unos cuantos frentes abiertos: presión en la empresa, dos hijos preadolescentes, una madre enferma, un hermano hippy que le ha dado no sé cuantos sobrinos cada uno de una madre, media docena de amigas divorciadas, una trágicamente viuda reciente -el fallecido también era amigo de L-, pero siempre tiene un rato, un pensamiento, una llamada de teléfono para todo el mundo. No ha habido ni una sola semana, ni una sola, en estos casi 4 años que no me haya llamado, y no le ha importado lo borde, desagradable y cardo que he podido estar.
Durante la cena (en “Vuelve Carolina”), me abraza y
me besuquea entre plato y plato
-“Ains, deja que te achuche, aunque piensen que somos
lesbianas, huyhuyhuyhuyssss…”
Si fuésemos lesbianas, no nos querríamos tanto, pienso
mientras hacemos el sketch de la constrictor y la oveja, bajo la aprobadora,
no, sobresalientedora mirada de su hermana y su prima.
Nos bebemos dos botellas de Mala Vida entre las
cuatro y salimos de allí con un puntito muy digno. Las conduzco al barrio del
Carmen atravesando la plaza del ayuntamiento, la calle San Vicente, la Plaza de La Reina,nos detenemos en la fuente de la plaza de La Virgen, al tiempo que me soportan estoicamente cuando les cuento la historia de la estatua que simboliza el rio Turia con las ocho acequias, mientras me indigno porque está apagada (¿pero cuánto hace
yo que no salgo, Virgen Santísima?; mejor, prefiero no recordarlo) y acabamos
de mojitos en una terracita en En Bou, tras sortear a una jovencita que insistía
en que aterrizásemos en Calcata. ¿Calcata?, dios mio, pero si allí iba yo
cuando tenía 16 años, ¿todavía existe?
-¿Sabes quién fue cocinero en Calcata? - pregunto
a L.
+Pues ni idea, nena
- Un ex jefe nuestro, tuyo y mio…
+¡Tano!
-Sí señora.
Acabo la noche dialogando con un taxista a las 3: 35
de la madrugada. Mis amigas se dejaron una chaqueta en el taxi de ida, y le pido
que me explique el procedimiento para encontrarla.
Mi taxi es lo único que me dejaron pagar, y porque no
íbamos en la misma dirección, que si no…
Noto que los mojitos hicieron de amalgama para mis
criptas cardiacas. Bueno, no fueron los mojitos, pero tú ya me entiendes.
Y aquí sigo yo, sensible como un pezón de regla, pero
apuntalada. Que me derrito porque A –a quien supuse enfadado- me cuelga el Cisne de Saint Saëns con Theremin by Clara Rockmore (era el apellido de su marido, pero no deja
de hacerme gracia verla con el turbante plateado y apellidarse “mas rock”) en
mi FB. Y me deleita doblemente porque yo algo sé de las pasiones que le
suscitan a A las señoras mayores, sobre todo si llevan turbantes plateados.
Pero esa es otra historia.


Gata, que he venido aquí porque la echo de menos y me gustan mucho sus cosas.
ResponderEliminarY va y resulta que además acabo de colgar una en lo mío con el cisne de Saint Saëns también. Creo que es distinto y es lo mismo, y le mando abrazos.
(¿Por qué me hablas de usted?)
EliminarDoña Procuración, tú siempre tan amable conmigo. Adoro a la gente amable. Sois fascinantes, casi marcianos.
Es que hay una cosa que está muy de moda en las películas -ésas que no le llegan ni a la suela del zapato a la realidad- que se llama "conexión". Yo creo que lo del cisne de Saint Saëns tiene que ver con eso. Y luego ya está lo del Patito Feo.
Pero esa también es otra historia.
Recibo con fruición esos abrazos: \o/
Tampoco hace tanto tiempo que tenias 16... :)
ResponderEliminarTano se llama el perro de mi vecino y asesino de mi Manolo en mi última entrada...
Que suertuda eres coño, yo quiero amigas así...
Me alegro mucho que salieras a orearte y que lo pasaras bien, que ya te lo mereces... :)
Besos y salud
Otro amable. E incondicional. Muchas muchas gracias Genín.
EliminarPero es verdad, mentalmente ya voy por los 12, qué coño.
¿Asesino de tu Manolo? Ahora mismo lo leo. Es que los Cayetanos son muy peligrosos, no les puedes dar la espalda, lo llevan en el nombre los pobres.
Mi familia y mis amigos son mi patrimonio. En ellos reside mi inmensa fortuna.
Salud y besos.
"Acabas queriendo a quien intenta por todos los medios que te quieras", qué gran verdad. Son esos amigos insistentes los verdaderos amigos.
ResponderEliminarCon que mala vida ¿eh?, jaja.
Bicos, Gata.
Así es.
Eliminar"Mala Vida" es un vinito de Fuente la Higuera muy aseadito. Sentó de maravilla. Y tiene una etiqueta graciosísima. Nosotras, evidentemente, lo elegimos por el nombre, y tuvimos suerte.
Besuchones, azulona.
O sea que esta vez la etiqueta era la de la botella...jajajaja.
ResponderEliminarSí, tiene una etiqueta chula (acabo de verla).
Bueno, en realidad era la contraetiqueta -que acabo de colgar en la entrada-
Eliminar"Todo el mundo debe creer en algo.
Yo creo que voy a seguir bebiendo, discúlpenme..."
Ga.Chí, we miss you.
ResponderEliminarPásate por allí, lee hacia atrás y verás que no sólo la señá Procu te reclama.
Gracias Adaptaciones,
EliminarQue sois una panda de machuzos que os habéis montado un cortijito donde decir sandeces porque ninguno mandáis en casa ya lo sabía.
Lo que no sabía es que el tal perro, a lo Gallardón, es en realidad un lobo con piel de cordero.
Y lo que no iba a consentir, de ninguna de las maneras, es que el lameculos más grande que ha parido madre, me llame a mí ¡A MÍ! "etarra", con el beneplácito de todos los presentes.
Con todos mis respetos, Adaptaciones: que os den por culo (tú ya me entiendes)
Conio, ¡esa me la perdí! o no me acuerdo, la verdad.
ResponderEliminarNo me lo tomo muy en serio, yo allí voy a jugar.
(Yo ya te entiendo, pero ya sabes, "La primera vez sin mi consentimiento...")
Aviso a navegantes: el blog estercolero es dos calles más hacia delante y a la derecha, siempre a la derecha.
ResponderEliminarNO ESTOY PA CHORRADAS.
Gracias.
Archinémesis mía la echo de menos. No me deje sola dónde pacen los lobos.
ResponderEliminarGracias querida, no sabes cuánto lo siento; pero no me esperes levantada; creo que ya les premié con mi compañía durante bastante tiempo. Me irritan, me indignan y sobre todo, sobre todo, me aburrrrren soberanamente. Tan previsibles, tan casposos, tan machuzos, tan egocéntricos, y sin nada de gracia. Desde que desapareció Gengis -que por cierto, me tiene preocupada- aquello ya si que se ha quedado hecho un cortijo de la España profunda con un cacique feo hasta decir basta.
Eliminar(Y por favor, no insultes a los nobles y majestuosos lobos. Ahí no pacen ni gusanos platelmintos)