Nos miramos de reojo para comprobar nuestras reciprocas
ansiedades contenidas.
Mis padres comprueban e inspiran tranquilos. Yo compruebo y
expiro tranquila.
Testamos mútuamente cómo nos va, como la arañita que
comprueba hilo a hilo cómo tiene la tela, presta a reparar cualquier estropicio que
encuentre. Cuando ellos se distraen yo salto a su tela y cuando me
distraigo yo saltan ellos a la mía. Es como un ritual. Para estas maniobras de
asalto por distracción, nos entrenamos con las cartas.
La hora de la partida de cartas en la sobremesa de alguna
tarde del mes (generalmente en domingo), es nuestra constatación de que todavía seguimos en pie y coleando.
Deslizar las cartas entre los dedos, contar mientras se reparte a la vez que se
comenta cualquier nadería o se suelta una frase trascendente del tipo “tu tía
nos ayudó mucho para regresar, aunque yo nunca quise volver. La he visto en
misa, ¡qué mayor se ha hecho!”, es nuestro chequeo particular, vital y familiar.
Jugamos indistintamente con la baraja española o con la
francesa; a mí me gusta combinarlas para entrenar las neuronas, pero con la
francesa el trabajo mental es mayor, ya que hay que distinguir las formas entre
dos colores; no así con la española que se diferencian perfectamente los cuatro
palos por el color.
Me hechiza el olor de las cartas. De todas ellas. Las recién
estrenadas y las que ya tienen un tiempo. Agarrar una baraja entre las manos
siempre me pone de buen humor, sobre todo si tengo a mi madre al lado a la que
se le ilumina el rostro como a Lara cuando se reencuentra con Zhivago y se
quita siempre de golpe diez años de encima.
La baraja ejerce un efecto revitalizante-desintoxicante en
mi madre. Padece un deseo irrefrenable por esconderse algún comodín bajo el
tapete; yo espero con mucha expectación ese momento ya que lo detecto al ver
como a mi madre de repente le estalla la cara en una carcajada aguantada que le
impide respirar bien y comienza a ponerse roja, roja, a la vez que emite
unos gruñiditos y se tapa la boca con la manita. Esa escena es impagable.
-Mamá, venga, sácalo. Ya te has escondido un comodín…
Ella todavía se ríe más, la risa le ahoga y
no puede hablar; como no puede hablar, se pone nerviosa y me pega en el brazo…
-Pero mamá ¡que no me pegues!, venga va, sácalo... ¿Dos?
¿Tenías dos?
Mi padre espera pacientemente con una mueca en la cara que
le conozco muy bien entre indignado y complacido ya que reconoce ese momento
igual que yo. Ver reír a mi madre es un espectáculo del que ninguno queremos privarnos, por eso pasamos por el calvario de aguantarle una partida
entera. Suele ganarnos ella, por agotamiento más que nada, pero mientras yo
termino de dibujar la raya en la libreta que indica el fin de la partida, sé
con total seguridad, que al menos durante
el próximo mes, no habrá bichito viviente que no acabe envuelto en seda de
picas.


Aaaah, qué bien, me encantó.
ResponderEliminarMis padres también juegan mucho a las cartas, casi todos los días, y dejan lo que sea a la hora de la partidita.
Yo tuve temporadas que jugué mucho, pero creo que los que más me gusta es barajar y dar, jajaja, bueno, y los solitarios.
;-)
Bicos, spidergata.
Besuchón azulonísima.
EliminarA mí me gusta barajar, me entrego por completo; Mi padre me suele decir "V..., van a vomitar los caballos" :D
A las madres hay que hacerlas reír, sino de qué. Hace mucho que no pasaba por aquí. Veo que sigue activo, me gusta.
ResponderEliminarHi Jordim, también hace bastante que no me entretengo en lo tuyo, pero siempre te miro de reojo y leo los encabezamientos. Me das miedo, eso es. Sé que si entro ahí ya no salgo. Aunque echo realmente de menos tus recomendaciones filmográficas porque, palabra, que yo te hacía caso, y arrastraba a mis acompañantes con vehemencia a ver esa o aquella película... jaja, sí: El libro de Eli, Kick-Ass... las vi debido a ti.
EliminarDe todas maneras, una de mis amigas se ha hecho superfan tuya; no te comenta, pero te lee y flipa contigo.
Ojalá publicases en papel.
Abrazo.
A pues a que todas las madres se tientan de risa cuando hacen trampa!!! me encanto el relato, muy bueno, me hizo acordar cosas lindas... felicitaciones por el sitio!!
ResponderEliminarSaludos
Gracias, cirugía plástica de nariz (joder, qué nick, mejor cepedeene-----> Sepedine. Te llamaremos "Sepedine")
Eliminarjajaja llamame como quieras, mientras sigas teniendo un blog tan bueno puedes hacer lo que te plazca!!
EliminarSAludos