Has de ponerte dos óvulos vaginales seis horas antes de la intervención. Hace una pequeña pausa desviando la mirada hacia arriba a la derecha dejando los ojos cual estatua ateniense; una vez realizado el cálculo mental regresa tras permanecer tres segundos en los albores del infinito y declara: a las dos de la mañana. Vaya, si que vas a tener que madrugar bastante. Pero me los pongo y luego puedo seguir durmiendo ¿no? No me contesta.
A las
dos ante meridiem yo me pongo los dos
óvulos vaginales cumpliendo la prescripción facultativa. Regresemos al anterior
no interrogativo: ¿No?, pues no hija, no.
A las
dos cuarenta y cinco ante meridiem me
despierta súbitamente un fuerte dolor de entrañas. De un salto salgo de la
cama, no es posible este dolor. Empiezo a apretarme, me agacho, me vuelvo a
tumbar, posición fetal, posición de seguridad, levanto las piernas…Nada. El
dolor persiste. Bueno, se irá pasando. Y un cojón de mico, esto no para. Y no
me puedo tomar nada, porque voy a quirófano. Me voy al inodoro, me esfuerzo por
expulsar los putos óvulos, pero me los metí muy adentro, y además ya están
absorbidos. Me siento torturada. Tengo arcadas, pero no tiro nada porque estoy
en ayunas. No es posible que duela tanto. Son las cuatro ante meridiem. Así me tiro, sin dormir, hasta las seis que me
incorporo para ducharme. Me explayo con el agua hirviendo sobre el abdomen para
calmar el dolor, pero ni por esas. Telefoneo a mi hermana, descubro que no me
sale la voz, con apenas un hilo le digo que me encuentro muy mal, fatal, que
voy a buscarla pero que cuando llegue me bajo del coche y conduce ella al
hospital. A duras penas me visto, encorvada, ni crema para la cara me pongo.
Todos mis movimientos los acompasa el dolor.
Como
puedo me meto en el coche. Espero que se abra la puerta del garaje que tarda
dos tríennos. Menos mal que para conducir ya no tengo que pensar porque yo solo
puedo concentrarme en respirar. Llego a la avenida, veo a mi hermana a lo
lejos, paro el coche y me tiro, me muevo a rastras como si fueran a dispararme,
parece una performance, justo enfrente está la comisaría de policía. Llego a la
puerta del copiloto. Mi hermana me observa atónita, a penas le digo nada. Me
duele mucho, me duele mucho.
Llegamos
al hospital. Le suplico que meta el coche en el parking. Vale una pasta. Papá
me ha dado dinero para el parking, por favor, teta, no me hagas andar por la
calle.
No puedo
con el dolor. El ascensor que está ya allí a mí me parece que tarda un huevo.
Mi hermana me dice que si no puedo poner otra cara. Llegamos al mostrador yo
doblada. La de recepción me dedica una mirada de asco y me espeta un ¿qué le
pasa?, que tengo contracciones. Ah. Yo no puedo no puedo ¡es que no puedo! Huyo
a los lavabos que diviso a la izquierda. Me siento en el inodoro sin
importarme las bacterias. No sé qué hago
allí, no sé para qué me he sentado. Vuelvo al mostrador. Mi hermana está dando
sus datos, porque al desaparecer yo, le piden los suyos. Nos dan la habitación.
La Rottenmeier de recepción vuelve a perdonarme la vida con la mirada. Puta. Quinta planta. Me agacho en el ascensor cual
india pariendo en el bosque. Entre el ulular de los hermanos búhos y el aullido
de los hermanos lobos oigo a lo lejos la voz imperativa de mi hermana,
¡levántate! Estás haciendo el cuadro. Va, que ya llegamos al quinto, ¡Que te
levantes! Sale disparada del ascensor, yo no puedo seguirla, casi no atino a
mover un pie detrás de otro, parezco una muñeca de Famosa que se dirige al
portal. La escucho hablar con las enfermeras de planta, no, no soy yo, es
aquella que viene por allí. Las enfermeras al verme salen raudas a atenderme.
¿Qué te pasa?, las contracciones, ¿te has puesto unas pastillitas?, sí. ¿Cuántas?
Dos. Siéntate en esta silla, acercándome una silla de ruedas. La habitación,
que resultó ser una suite, está muy cerca del mostrador. Me siento en una
butaquita. ¿De cuantas semanas estás, cariño? De ninguna, musito, es un pólipo.
Quieren tomarme la tensión, quieren rasurarme, ella ya va arreglada les dice mi
hermana, quieren ponerme el termómetro. No soy vuestra Nancy, me entran ganas
de decirles. Hasta siete veces intentan cogerme la tensión y no pueden. Vale,
cariño, acuéstate en la cama. ¿Te has traído un camisón o algo?, sí. Me lo
pongo, me quitan las bragas, me rasuran –qué empeño, coño-, han llamado a mi
médico, van a ponerme un gotero de Nolotil, esta chica no puede estar así
horas. Yo sigo concentrada solo en respirar, gimo, no paro de moverme. Una de
las enfermeras me pone una mano en la frente, coge una de las mías con la otra
y me dice que le apriete fuerte, y que respire hondo. La primera muestra de
cariño del día, casi lloro de la emoción. Mientras la otra vuelve a intentar
tomarme la tensión. Ahora sí, ya la tienen. Mi hermana pregunta mientras me
observa convulsionar en la cama, si eso es normal. Oye ¿esto es normal? Sí, es
completamente normal, esas pastillas provocan contracciones reales. Se van. Yo
confieso ante Dios todo poderoso y ante vosotros hermanos que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra, y omisión, por mi culpa, por mi culpa, por mi
gran culp… ¡Pero que pare esto, por Dios!
Me estoy meando. Teta, tráeme la cuña,
Acuña matata dice mi hermana. Me mondo, oyes. Qué poco sentido del humor, hija.
Así no va la cuña, me estás poniendo lo redondo y me tienes que poner la parte
de la cuña como su propio nombre indica, todo esto se lo digo entre dientes. Sí
que va así, acuña matata, insiste. Si me lo pones así me voy a mojar el culo.
Trae, ya me la pongo yo. Duérmete, me ordena mi hermana. Qué más quisiera. Pues
venga, quejica. Si pudiera la ahogaría. Repetimos el momento cuña hasta tres
veces. Al final se me termina el gotero y ya me puedo levantar. No paro de
tener arcadas. Vienen a por mí, y yo estoy inclinada sobre la taza del water.
No soy yo, es esa que está en el baño dice mi hermana, ya imagino, dice el
auxiliar.
A penas
me mira cuando reaparezco resplandeciente en la habitación. No me saluda. Me
subo a la cama con toda la dignidad de que soy capaz. El auxiliar es gordo,
peludo, y no para de hablar por el móvil con otro auxiliar, me entero del tráfico
de camas del día mientras no para de golpear la mía contra toda pared que
encontramos por el camino. Casi no va a hacer falta que me anestesien. Llegamos
a las puertas de quirófano, San Pedro le prohíbe el paso a mi hermana, y yo
cambio de manos. Sé que estoy en el cielo porque me ilumina una sonrisa
Profiden emergente de una boca enmarcada en una barbita de rostro cuadrado
coronada por un par de ojazos verdes. Hola, me dice. Te amo, le contesto. Ya
oigo la voz de mi médico por detrás, a ver esa llorona, ¿mira que hacer que me
llamen a las siete y media de la mañana?, ¿Qué son las siete y media de la
mañana para un cirujano comme il faut como usted, Don E? se me acerca su hija,
que también es cirujana, me pide el parte, cuando me he puesto las pastillas y
desde cuando estoy así. Desde los tres cuartos de hora de ponérmelas, esto es
horroroso. Bueno, ya verás que cuando te despiertes de la anestesia ya no vas a
notar nada. Se me acerca el padre y yo le alargo la mano para cogerle del
brazo, buscando cariño y consuelo. El me acaricia, mientras habla con una ATS
sobre su salida en televisión, es que ha salido mi tuna en la tele, me dice,
¿Usted es tuno, Don E? Sí, tesoro, soy de tres tunas, la de medicina, otra que
no me acuerdo y tuna España. Pues usted estará apañao con la capa ¿no? Se saca
el móvil y me enseña fotos suyas vestido de tuno. Escena Almodóvar. Ay, Don E,
que le voy a bajar de los altares. Observo el atuendo que lleva, solo se le ve medio
cuerpo un trozo de la tela negra y dos banderas de España a modo de enorme
ribetes. Con mi respiración entrecortada por los dolores le digo, no hace falta que me diga porqué se llaman
tuna España, Don E (adoro a este hombre, no se puede ser más facha, pero le
adoro.) Su hija se acerca y me enseña una foto en su móvil, adivino algo que se
asemeja a una criatura (no llevo las gafas puestas), ¿es tu pequeño?, sí,
¡tengo tres! Se acerca el anestesista, soy el Dr P, hola Dr P, vas a notar una
quemazón en el brazo, después otro en la faringe y creerás que te ahogas. ¡Sí,
hombre! ¿Y qué más? le miro incrédula, ¿Por qué no me da también por culo? Ya
no recuerdo nada. Es, como poco, curioso ese intervalo de tiempo que transcurre
entre lo que recuerdas de estar despierta y cuando recuperas la conciencia. Es
un misterio, parece que te estén tomando el pelo, de repente te dicen “ya
está”, y tú ni siquiera recuerdas haberte dormido. Don E me tiene la mano
cogida, venga tesoro, que ya estás. Todo ha salido muy bien. ¿Me he portado
bien? Sí, tesoro, te has portado muy bien. “Te has portado muy bien” repiten
las ATSs cual coro celestial. Ahora te
vas a la habitación. A las doce ya podrás beber agua. Pocas cosas me han
producido tanto placer en esta vida como despertar de una anestesia, pero esta
vez mi gozo en un pozo, me mintieron, ¡El alien contraccionador sigue allí!, me duele todavía, no se ha ido la
contracción les digo espantada. Enseguida se te pasará. Pero no, no se pasa. Vuelven
a cederme al ángel barbitas que me lleva hasta la habitación acompañado de mi
hermana que no pare de hacerme muecas de asombro por detrás. Cuando se marcha
el comentario de mi hermana no se hace esperar ¡¡QUÉ. GUAPO!! aunque lleva
tatuajes en el brazo y eso no me gusta. Ya decía yo que me sonaba su cara. He
sido arrastrada en camilla por David Beckham. Pero yo no estoy para cucamonas,
esto no para de doler. Viene otra enfermera. Vaya, ¿te sigue doliendo?, igual
que antes de entrar en quirófano. Espera, voy a hablar con el médico. Vuelve al
rato con una jeringuilla, te voy a inyectar Dolantina, si con esto no se te
pasa ya… No vamos a poder darte nada más. Me la inyecta. ¿Te vas a quedar
tranquila ya o vas a dar guerra?, me la quedo mirando, voy a dar por saco todo
lo que pueda. Me sonríe y se marcha. Viene Don E a verme, hecho un pincel,
lleva una camisa rosa que yo juraría hasta almidonada. Se sienta en mi cama
apartándome una pierna. Tesoro, a ti cuando te duele algo ¿qué haces? A mí no
me ha dolido nunca nada de esta manera. Bueno, con eso que te han pinchado se
te tiene que ir seguro. Le digo a mi hermana que Don E es tuno. Y con esas ya
ellos se ponen a hablar, que si van a ir a Santiago, que si toca la guitarra
pero muy mal, y ya en eso me dice,
dentro de doce días o así te veo en la consulta. No te vayas de aquí hasta que
estés completamente bien, sin mareos y sin nada. No quisiera que me llamaran de
urgencias. Pórtate bien, tesoro. Me vuelvo a despertar. Por fin me había
quedado dormida. Mi hermana me dice que roncaba como una morsa. ¿Quieres
beber?, ya son las doce y media. Sí, por favor, tengo la boca más seca que la
mojama. Así estás tú, amojamá. A la una me traen una bandeja con la comida.
Está tapada. Mi hermana me la coloca sobre la mesilla y me ayuda a
incorporarme. Destapo temblorosa la tapa y me sorprendo gratamente de no
encontrarme con la rata.
Me como la mitad, a pesar del ayuno preceptivo
no tengo hambre. Disfruto la ausencia de dolor. Vuelvo a dormirme. Escucho
llegar a mi sobrina. Me trae regalitos de postoperación. Me chivo de todas las
perrerías de su madre. Mamá eres cruel, ¿le has dicho todo eso a la tía?
(Venganza. Me he chivado, me he chivado). Vuelvo a dormirme. Me despierta la
doctora que también sube a verme. La veo con el pijama verde. ¿Llevas todo el día
operando? No, estoy de guardia localizada. A ver, cuéntame, ¿has comido? ¿Has
hecho pis? Sí, he comido, he ido tres veces a hacer pis. Muy bien, ¿pedetes? Me
pilla fuera de juego. ¿Pedetes? Pues no recuerdo (¡Por favor, que vuelva mi dignidad ya!) Le
digo que uno para que me deje tranquila y salga de ese terreno. Muy bien.
Cuando te encuentres totalmente recuperada te vas, pero te tienes que levantar
como ocho o nueve veces y pasearte y cuando veas que estás normal te vas. No
tengas prisa por irte. Ahora tendrás que estar un mes sin darte baños, ni piscina ni nada, sin tener relaciones sexuales y sin utilizar tampones. ¿Tampones tampoco? Tampoco, ahí hay que dejar via libre por si se ha quedado alguna cosa de la operación, que se expulse y no se infecte. Muy bien. Nos vemos en la consulta dentro de doce días.
Mientras recoge su maletín me dice, lo que te hemos quitado no tiene ninguna
pinta mala, ya te digo que va a ser normal, no obstante, esperamos el resultado
de anatomía patológica. Gracias doctora. Cuídate, y me aprieta del brazo.
Decidimos
que nos iremos después de la merienda. Ahora sí me muero por un café con leche.
Vuelvo a dormirme.
Cuando
traen la merienda enviamos a mi sobrina a la cafetería para que suba dos cafés
para ellas. Sube también unas magdalenas de toda la vida pero que ahora se
llaman muffins. Aunque hay una que viene rellena de yogurt, así es que lo mismo
va a ser un muffi de verdad. Nos ponemos hasta el quico, sobre todo ellas.
Definitivamente estoy bien, ¡y no me duele nada!
Llamamos
a las enfermeras para que me quiten la vía. Me dicen si quiero que me inyecten
otro calmante, les digo que no que ya no me duele. Lo has pasado mal ¿eh? Pues
sí, la verdad, no sé cómo será un parto, pero esto ha sido horrible. Pues es una
cosa así, solo que sales con un niño. Y yo sin niño ni nada, me podríais dar un
hamster o algo de premio de consolación. Mira, esta mañana las señoras de la
limpieza han matado una cucaracha en la puerta del hospital ¿quieres que te la
metamos en una cajita de kleenex?. Maltrato. Eso es maltrato. Os voy a
denunciar. Anda, ¡tira!, llorona.
EPÍLOGO
He
pasado el día durmiendo. No recuerdo cual fue la anterior vez que experimenté
el poder redentor del dolor. El Ave Fenix. Renacer. Soy una niña pequeña, tengo que
empezar de nuevo, el bebé que nunca he tenido.
Ahora todo
está oscuro y me acuna en calma el chirrido de un grillo.
Acuna matata.
Acuna matata.


Por favor, si hasta yo sentía contracciones mientras te leia, en estas ocasiones agradecería que no escribieras tan bien y con tanto realismo... :)
ResponderEliminarNo recordaba la escena de la rata, voy a ver si encuentro la peli, la quiero volver a ver, hace un montón de años que la vi...
Bueno, menos mal que todo pasó y ya no te duele :)
Besos y salud
Sí, la peli está integra en youtube. A mí me parece brutal, la veo de cuanod en cuando, esas dos monstruas.
EliminarNo, ya no me duele.
Gracias Genin, salud y besos.
Ha sido muy divertido leerlo, Gata. Y con final feliz, no hay nada mejor.
ResponderEliminarMe alegro mucho de que te hayas divertido, Procu, era mi intención, quitarle hierro a toro pasado.
Eliminar(Voy a seguir con este diario, creo que me ayudará a mantenerme a flote, ahora que viene lo peor. ;) )
Bueno, ha dolido, pero contado con este humor se lleva mucho mejor, incluso la lectura. Debe querer decir que ya estás bien.
ResponderEliminarNo creo que ahora venga lo peor. Como me dijo un médico hace tiempo, a partir de cierta edad siempre encuentran algo, un quiste, un pólipo, etc, pero lo más probable es que se quede en eso.
Bicos, Gata.
Sí, dicen que a partir de los 40 la naturaleza ya lo que quiere es matarte, porque no le sirves.
EliminarPero eso no es a lo que me refería con lo peor (sinceramente, no es que sea imposible, porque imposible no es, pero me sorprendería que ese pólipo fuese malo. También me quitaron un miomita, y otro más grande ya no pudieron); lo peor es que ya se me han agotado las esperanzas de volver a trabajar. Y eso es duro con mi mentalidad. Considero, modestia aparte, que yo todo lo que hago lo hago bien y a los hechos me remito. No es porque yo sea superior (que también, comparada con otra gente que está en activo), es que pongo todo mi empeño en hacer las cosas bien. Entonces no entiendo que una persona como yo, no tenga nada que ofrecer a España (por ponerlo en poético). No lo entiendo. Soy un desperdicio. Esta sociedad decide tener a personas como yo aparcadas.
Y viene lo peor, porque yo ahora compito con veinteañeros. En el nuevo mercado en el que me veo obligada a intentar entrar (técnico de laboratorio o profesora de enseñanza secundaria), yo compito con veinteñeros y treintañeros, y con lo misma experiencia que ellos en esos campos: ninguna. Tú me dirás, si viene o no viene lo peor.
Pero en fin, ajo y agua. Ya vermoes cómo acabo.
Besuchones.
No lo sé cómo va lo de técnico de laboratorio, pero si quieres entrar como profesora de secundaria con jóvenes que no tienen experiencia estás en las mismas condiciones que ellos, así que ahí no deberías tener tanto problema.
ResponderEliminarMira, eso es lo peor de no tener trabajo, perder la esperanza o creer que uno es un deshecho. Si yo te contara todos los amigos que han cambiado totalmente de actividad...
En fin, quizás haya que concentrarse en algo e ir a ello con toda la fuerza. O hacer algo en sociedad con otros. No lo sé, Gata. Esto va mal y no quiero imaginar como irá cuando no haya ni pensiones o las que haya no den ni para comer.
Boas noites e bona nit.
(Veo que os estáis olvidando del falansteiro. Y yo no. Conste.)
EliminarJajaja, es que no está clara la financiación, Gata.
EliminarPor trueque. Lo truequeamos todo a través de nuestros talentos y habilidades.
EliminarSé coser, calcetar y ganchillar. Todas habilidades pasadas de moda...buaaaaaah.
ResponderEliminarSirven. Nos haremos nuestra propia ropa, que es la que mejor sienta. Y se la harás a los demás. Y los tapetitos para debajo de las figuritas de la Leonarda, fundamentales.
ResponderEliminarYo puedo cocinar, cultivar, limpiar, decorar, leer declamando (siempre que no me haya quedado ciega), y ajustar el phmetro.
Gran post, tengo que bloguear más...
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