Mi padre viene a verme a casa y, si no me encuentra, me deja
una nota dándome explicaciones de qué ha venido a hacer, de qué ha estado
haciendo hasta ese momento, y de qué hará el resto del día. Es muy habitual, ya
puesto a escribir, que también me informe de cuándo tienen él y mi madre su próxima
cita con el médico o el ATS, si ya ha
tirado el bonoloto, y a quién se ha encontrado por la calle. Remata haciendo
una observación siempre constructiva, del tiempo que hace.
La caligrafía de mi padre es de cuadernillo Anaya. Escribe
tan bien, tan recto, tan medido, tan todo del mismo tamaño sin torcerse y sin
salirse, que cada vez que tengo que escribirle yo algo, lo hago con el mayor de
los esmeros y el estómago en un puño por temor a defraudarle -Hija, ¿esto que
hay aquí es una “a”? – sí papá. -¿Pero tú no te das cuenta que la escribes
igual que “ci”? Mira aquí que pones “acción”, oye yo no puedo distinguir la “a”
de la “ci” y digo yo que no tiene nada que ver una “a” con la sílaba “ci” y
además empleas el mismo espacio para una letra que para dos…
Las notas de mi padre son de Alas “Clarín”. Algunas las he
guardado tiempo ha, proyectando lo aparatoso de la nostalgia que sería llegado
el momento, encontrármelas
tras su muerte. Es por quedarme un recuerdo, ese resquemor que tenemos de poder
llegar a olvidarles tras el paso del tiempo. Lo mismo me sucede con los
mensajes del contestador automático, todas esas voces.
Hoy ha venido y sí estaba en casa. Llegaba con su perenne bolsa
de tela reciclada con el membrete de la biblioteca de San Vicent del Raspeig
que le regaló un amigo fallecido el verano pasado, y de la cual acostumbra a ir
sacando cosas como si de la bolsa de viaje de Mary Poppins se tratara. Hoy me ha
sacado el prospecto de un tratamiento que le ha mandado el dermatólogo para
después de las fiestas. Dice que le ha dicho el médico, que mejor pasa las
fiestas tranquilo y ya se pone el tratamiento para después. Es imprescindible
que se lo ponga pues de otro modo lo que tiene en la cabeza le derivaría en un
cáncer de piel.
Yo he leído el prospecto.
Cuando mi padre se ha marchado, me he subido al altillo del
armario de los recuerdos, he sacado de una caja esas notas que de él guardaba, y las he tirado todas.

Vaya qué casualidad, hoy es el cumpleaños de Mari Silje Samuelsen.
ResponderEliminarHola guapa, yo no las hubiera tirado, pero bueno tu sabrás porqué lo has hecho, en realidad, si te arrepientes, afortunadamente, puedes seguir coleccionándolas, eso es lo mas importante...:))
ResponderEliminar¡FELICES FIESTAS, GUAPA!
Besos y salud
Hola Genín, a ver: hay que contar con que lo que yo pongo aquí tenga su parte de ficción, por no decir que quizá no haya nada de verdad, aunque eso sería imposible. Yo cuento historias, MIS historias; o sea, las que yo escribo. Hay parte de alegoría, parte de metáfora, parte de sueño, parte de anhelo, parte de final feliz impuesto, parte de parte.
ResponderEliminarEn este caso, Genín, la explicación de la falla es que yo no quiero que se muera mi padre, mi supuesto padre, el padre del que hablo. Y el arrojar las notas, es la señal de rebeldía ante ese hecho.
Porque seguramente mi padre no es tan quisquilloso con mis notas. Y quizá lleve alguna bolsa más chula, o no me hable tanto de médicos... o yo no haya conservado nunca ni una sola nota, porque pensaba que guardarla con ese fin, me castigaría con el adelanto del fatal desenlace ¿Capicci?
Felices Fiestas también para tí, que siempre estás ahí y se agradece.
Salud y muchos besos.
Ese dilema lo tengo yo con los mails ¿Cuando borrar todo lo que tengo guardado? ¿para qué guardarlo todo-todo?
ResponderEliminarReleer lo leído, volver al lugar donde se fue feliz, no vale nada más que para amargarse un poco más.
Bueno, algún día llegará el momento de hacer limpieza.
Felices Fiestas, Gata.
Si te fijas, puntualmente llegan momentos que yo considero de lucidez en nuestras vídas, y nos decidimos a dar aquel jersey nuevo pero que no nos ponemos nunca porque no nos queda pero que no damos "por si.."; a tirar los apuntes de hace 20 años; aquellos recortes de prensa... ciertamente lo de los e-mails también habrá que planteárselo porque ¿para qué tanto, ocupando tanto bit si realmente son personas que constantemente están en nuestras vidas, y vamos a ver pasado mañana porque hemos quedado? Otra cosa son las cartas a mano. Uf, eso sí que se me hace un K8 deshacerme de ellas.
EliminarNo obstante, dicen (las malas lenguas) que anclarse a los recuerdos, es sinónimo de no tener ilusión por el futuro. Yo creo que hay que mirar hacia delante y saber viajar ligero de equipaje, pero no me gustan las sentencias.
Felices Fiestas, Blue, yo voy a hacer todo lo que pueda.
Todas esas voces en el contestador, sí. Te sorprenderías de lo que llegué a hacer para conservarlas cuando cambié de número. En fin. Lo que yo quería era criticarte un poco. Vamos a ver: con lo absolutamente redondo, evocador y conmovedor que te quedó el texto ¿por qué lo explicas luego en los comentarios? (21 de diciembre, 10:59). Nunca veo los extras de los DVD's de las películas que me gustan. No quiero saber nada de las tripas, de los cables, de los engranajes de la máquina. Seguiré disfrutando de tus textos, pero a partir de ahora no leeré ni uno solo de tus comentarios. A no ser que des tu palabra de honor de que no volverás a incluir extras.
ResponderEliminarSaludos.
La vida es dura, Albert. Jo.
EliminarGata, te echamos de menos.
ResponderEliminarYa será menos Procu, ya será menos.
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