Este chorreo mío que viene ahora podría resultar interminable dadas las circunstancias de mi vida si no fuera porque las fuerzas cósmicas que decidieron al final no invertir los polos de la Tierra y no acabar de este modo con todos nosotros y con todos los hámsteres y tórtolas del mundo el pasado 29 de julio como vaticinaba el grueso de personas que no andaban cazando Pokemons, han decidido en contrapartida enviarnos un día tan caluroso que el chorreo lo tengo ahora mismo bajando por mis sienes y resbalando entre mis senos, pegajosidad tetil ésta que no suelo llegar a soportar más de diez minutos seguidos. Así es que seré breve.
Un domingo 24 de julio, aunque podría haber sido cualquiera, el profesor Calaza a quien adoro fervientemente por motivos tan íntimos y a la par tan sencillos que no pienso explicar, me dedicó su columna de El Faro de Vigo.
La realidad
fue que al leerla quedé sumergida en una profunda tristeza, súbita, espontánea,
para nada premeditada, ni ensayada, ni muchísimo menos pretendida. Lo volví a leer, claro. Lo volví a leer hasta
siete veces, a ver si me venía la iluminación bíblica, dejando intervalos de
tiempo variado entre las lecturas porque estaba segura de que la intención se
me escapaba; el contenido de sus columnas se me escapa a menudo, para qué vamos
a pavonearnos, ya que su nivel intelectual está a años luz del mio: así es
y así será. Pero la tristeza no desaparecía, y como mi atención por
instinto (nací así) siempre se focaliza en las intenciones y no en los
contenidos, y a mí el mal rollo no se me iba, puse el artículo boca abajo, y me
olvidé de él.
Pero a mí Calaza el
99’99909 % de las veces lo que me hace es reír, y además intencionadamente, así
es que no me cuadraba que quisiera lastimarme dedicándome un artículo del
0’00091% de mierda; pero como una ya no se fía ni de su padre (literalmente,
aunque enfermo), concluí que había llegado el tiempo, una vez más, de caerse
del guindo y aparcar gente por el camino.Ahora le digo que le creo cuando dice que me lo dedicó con cariño, aunque él no entienda que si en el salón donde más nos frecuentamos, yo cumplo el perfil del inicio de su descripción “militar en el campo progresista y políticamente humanitario haciéndose pasar por víctima de la derecha y sobreactuar denunciándola”... etc , me pueda sentir atacada y humillada delante de todo el patio de butacas y encima y para más inri, de gratis, que es algo que ya me va tocando bastante los cojones teniendo en cuenta lo señoritos y señoritas, señoritingos y señoritingas que vienen siendo la gran mayoría de todos los presentes.
Así las cosas, llevo rondando una explicación que ofrecer en bandeja de plata aunque me haya salido una de cuenco de los chinos, y supongo, por aclamación popular aunque yo no esté tan segura, que tiene que ver con mi verso favorito. Tengo una cultura tan escasa, que puedo poseer un verso favorito, y de todas las pocas poesías que leí, y canciones que escuché, el verso más rotundo lo encontré en Miguel Hernández “no hay extensión más grande que mi herida” es una descripción de desazón a mi modo de ver y entender, insuperable.
De dónde nos vienen las heridas son lugares variados, lejanos o cercanos, fríos o calientes, vivos e incluso (y sobre todo) muertos, y sí, quizá las llevemos en los genes. Yo opino que los genes llegan a determinar el carácter e incluso el comportamiento ante hechos concretos de las personas. Es un tema resbaladizo, porque entonces ¿Está el pedófilo excusado por sus genes? ¿Y el torturador? ¿El sádico? ¿La mujer carca castradora de mujeres? ¿El misógino? ¿Trump? ¿Fernández-Diaz?... Somos el resultado de miles de reacciones químicas que no controlamos. Podemos decidir ponernos ciegos de alcohol, de pastillas, de chocolate; de cualquier sustancia que sabemos altera nuestro estado mental, pero no podemos controlar en qué medida ni de qué manera se nos altera ese estado, ni tampoco sabemos si esa decisión también venía codificada de serie. En definitiva, el deseo de follar o el deseo de morir para mí son versiones de una misma canción. Y la canción, ahora mismo, podria ser ésta:

No, yo no tengo problemas de chorreos y mucho menos que me bajen por las tetas, estoy sin asomar la nariz fuera de mi ranchito con aire acondicionado, y eso que fuera solo hacen 38º a la sombra, estoy en uno de esos dias bajos, mas bién, muy bajos, no me he podido concentrar en tu entrada y no he entendido casi nada, he ido a leer el artículo de ese amigo tuyo a ver si me ayudaba a entender y a las 5 lineas desistí porque leia y a la siguiente linea no me acordaba de nada de lo que había leído, así que he vuelto a tu casa para decirte todo esto, pero sobre todo, que me alegra muchísimo saber que estás viva, que se te quiere y se te echa de menos y dejarte mis...
ResponderEliminarBesos y salud
Muchas gracias, Genin, es (siempre) un alivio recibir tu visita.
EliminarSalud y besos!!
He retirado mi post en Chopsuey pues, tras leer la reacción ante el artículo de Calaza siento que no fue muy afortunado.
ResponderEliminarPreciosa y triste canción de Clapton.
Estese absolutamente tranquilo o tranquila Sr o Sra Thompson (como la Emma y la gacela), ya que no sé a qué se refiere.
EliminarLa canción es tremenda. Mire, voy a escucharla otra vez para regodearme en la vehemencia del espíritu (santo, por supuesto).
Vaya sorpresa, un artículo dedicado en el Faro, jaja. Pues me pasa como a Genín, que como no sé el origen de la polémica, si la hay, no me entero de mucho, pero bueno, lo que sçi me queda claro es que das guerra y eso el bueno, jaja.
ResponderEliminarBicos, Gata.
El origen de todas las polémicas (incluso de las inexistentes) siempre es la pasión, querida Blue. Si encima hay de por medio un gallego, sube tres grados la Tª del planeta. Y así nos va, de chorreo en chorreo.
EliminarBesuchones, azulona.
Ah, y chorreos por ahí deben ser de lo más normal, pero este año Galicia ya parece Valencia. Hoy creo que chorreé dos litros y aún me quedan unas horas más.
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