En el mundo hay palabras.
Palabras
dulces, suaves, agradables, deleitables, placenteras, tiernas, bonitas, bellas, hermosas, afables, lindas, bondadosas, apacibles, indulgentes,
complacientes, melodiosas… Palabras
agrias, ácidas, acres, feas, ásperas, adefesias, acerbas, desapacibles, estridentes,
destempladas, horribles, atroces, monstruosas, groseras, ruidosas… Palabras
inteligentes, sabias, doctas, instruidas, entendidas, ingeniosas, talentosas,
sagaces, listas, perspicaces, despiertas… Palabras
tontas, bobas, simples, desatinadas, imbéciles, necias, mentecatas,
zopencas, disparatadas, ignorantes… Palabras
frías, indiferentes, desafectadas, desapegadas, tranquilas, impávidas,
impasibles, imperturbables, heladas… Palabras
cálidas, calurosas, calientes, agostadoras, ardientes, abrasadoras, tórridas….
Palabras fuertes, sólidas, duras,
resistentes, robustas, vigorosas, recias, enérgicas, firmes, animosas… Palabras débiles, endebles, frágiles, debilitadas,
enclenques, raquíticas, decaídas, enfermizas, apagadas, flojas… Palabras cuerdas, prudentes, juiciosas,
reflexivas, discretas, maduras, sesudas,
sensatas… Palabras locas, temerarias,
vesánicas, dementes, idas, perturbadas, alienadas, enajenadas, maniáticas,
chifladas, chaladas, tocadas, orates…
Y luego ya vienen las palabras de amor.
Cuyo máximo exponente
viene representado por las que le dedicó un viejo de aquí del lugar a su hijo,
un día que se lo sentó delante dispuesto a decirle lo más importante que un
padre podría decirle a un hijo para enseñarle a ser de bien y desenvolverse en
la vida.
Lo sentó en una silla, se sentó él delante en otra a una distancia prudencial ni demasiado confidente, ni demasiado severa, con las piernas separadas, las manos apoyadas en cada una de sus rodillas, el cuerpo un poco inclinado hacia delante y clavándole la mirada le dijo así:
Lo sentó en una silla, se sentó él delante en otra a una distancia prudencial ni demasiado confidente, ni demasiado severa, con las piernas separadas, las manos apoyadas en cada una de sus rodillas, el cuerpo un poco inclinado hacia delante y clavándole la mirada le dijo así:
“En el mon hi ha:
- Hòmens
- Homenets
- Monicacos i
- Cairetes de cagar.
Veges a vore què ès el que tú
vols ser en aquesta vida, fill”

Sabemos lo que el niño escogiera ser, pero lo que no sabremos nunca es que clase de hombre llegó a ser...
ResponderEliminarLa primera parte de tu entrada me llevo a pensar en Mina cantando su estribillo, "Parole, parole, parole, parole parole soltanto parole, parole tra noi"
Y el video ha sido el broche de oro...
Gracias guapa por hacerme disfrutar...
Besos y salud
Pocas palabras que dicen mucho, el hijo, seguramente, se habrá ido a jugar por ahí aliviado de que no le diera un largo sermón sobre la vida y no llegar a tiempo a sus juegos. Un beso
ResponderEliminarGracias a ti siempre, Genin. Esa canción de Mina me vuelve loca; yo ya la enlace en una de mis porimeras entradas, cantada a dueto con Celentano, que, por si no lo sabes, es mi ídolo. De hecho el día que él falte sí será el fin del mundo. Aquí el recuerdo (vaya, ¡cuánto ha llovido! es gracioso releer el pasado) Parole, parole
ResponderEliminar-----------------------------------------------
Hola Fiorella!, ¿Por qué os habéis imaginado los dos que el hijo era un niño? ¡¡El hijo ya era un hombre!! Eso se lo djo cuando iba a salir al baile por primera vez!! Jajajaja.
Un beso transoceánico, querida.
¿Y qué me dices de los padres que hablan sin decir nada?
ResponderEliminarDime qué son cairetes, anda, jaja.
En galego serían:
Homes
Homiños
Monicreques
...¿?
Bicos.
(Cadira (caira) = silla; Cadiretes (cairetes)= sillitas. Cairetes de cagar = sillitas de cagar)
Eliminarcaireta de cagar
¡Hola reina!
Jajajaja, no me imaginaba eso.
ResponderEliminarPues cadeiriñas de cagar, jaja.
;-)
Habría que redefinir lo que significa ser un hombre, algunos confunden todas esas categorías...
ResponderEliminarRedefine, Jordim, redefine...
Eliminar(Yo tengo clarísimo lo que NO es un hombre. Y el monicaco que inspiró esta entrada, no lo es)
Beso.