Brebajes transeúntes entre provincia y provincia.
Desde el agua, hasta la mezcla de sirope de cassis rebajado con zumo de naranja.
Implorando comida la conductora como aquella planta glotona insaciable de la película “La tienda de los horrores”.
-“Es que yo cuando conduzco, ¡me entra un hambre!”.
- “Ya, sister, ya”.
En el fondo, si lo piensas, es un paisaje desolador. En realidad, no hace falta irse al fondo ni pensarlo a penas, salta a la vista, está ahí, es evidente. No conozco a nadie que haya transitado por esa autovía que no diga que es desolador el paisaje. Las áreas de servicio brillan por su ausencia; hay alguna, pero lo digo para dramatizar. No obstante, la que más se ve está casi llegando y podría dar título a una novela de miedo: “Área 176”. Está ahí en medio de la nada, todo el paisaje pelado, y de repente aparece eso. Una no puede dejar de pensar que es la puerta de entrada a otra dimensión, o, por la misma regla de tres, de salida. Pero no quisiera yo plagiar el 1Q84 de Murakami, coño, no vayan a darme el Nóbel y yo con estos pelos.
Por supuesto no paramos. Como de costumbre, llevamos el tiempo pegado al culo, así es que la devoradora, va dando buena cuenta de las vituallas de las que ella misma se había provisto y alardeando de su dominio del picoteo al volante.
Baja la temperatura como precipitándose barranco abajo. Y nos recibe, a modo de maestro de ceremonias que anuncia tu nombre dando dos golpes de su bastón en el suelo, el banco de niebla inevitable en nuestra entrada a Zaragoza.
El auditorio de la ciudad de La Pilarica es enorme y de una sonoridad impecable. Quedo absolutamente seducida por semejante espacio. Aunque ciertamente, por más que busqué no encontré el órgano (y me viene ahora mismo la gracieta a la cabeza sin poder evitarlo:) “tú siempre buscando lo mismo”.
El motivo del traslado a tan bella y encantadora ciudad, con su fabuloso espectáculo de sombreros paseando en las cabezas de sus dueños por las calles, fue asistir al concierto que la JONDE allí ofrecía.
En otras ocasiones ya he manifestado lo terapéutico que resulta escuchar a una joven orquesta en directo. Las jóvenes orquestas son la demostración de que la juventud nunca estuvo perdida. En las jóvenes orquestas en general y en la Joven Orquesta Nacional De España en particular, se aúnan los talentos, esfuerzos y sueños de un montón de músicos, los mejores de cada año, que no rebasen los 24 añitos. A mí me pone la piel de gallina escucharles y verles tocar.
Son todos los que están, aunque a veces a alguno y nunca mejor dicho, le suene la flauta; pero evidentemente, no están todos los que son, porque un mal día lo tiene cualquiera, y para entrar ahí hay que pasar una prueba cada año.
Lástima que en ocasiones, el director invitado, no les llegue a la altura.
El programa: -La noche de los mayas de S.REVUELTAS
-El aprendiz de brujo de P.DUKAS
y -Pinos de Roma de O.RESPIGHI
Supo a poco y fue un desacierto.
Se echó en falta una obra mayor. La orquesta, el recinto, y el público, lo merecían.
Hoy tocan en Madrid en el Auditorio Nacional. Es el concierto de clausura de este encuentro y el más emotivo, ya que al finalizar, los músicos permanecen en el escenario despidiéndose por varios meses, abrazándose, besándose e intercambiándose los mails, los twitters, los tuentis, los facebooks, y ahora más recientemente, las cuentas de Skype.
Ya dije en una ocasión que la visualización de ese concierto es un espectáculo de vida, y con los tiempos que nos están corriendo detrás quitándonoslo todo, de esperanza.
Cuelgo un fragmento del concierto de clausura de tal día como hoy, pero del año pasado, con mejor programa y director al que por suerte sí pude asistir. Me decanto por la Obertura festiva de Shostakovich, al cual no resulta fàcil pillar de fiesta.
Hay retazos en la narración de indudable altura estética. No soy experto en clásica, pero Shostakovich es un valor seguro, ¿no?. Me ha encantado la obertura. ¡Y eres beligerante hasta poniendo las etiquetas, jajaja!. Kisses.
La música para renacer, azulona. Biquiños. ---------------------------------------------- Gracias Manuel. Por todo. Kisses. ---------------------------------------------- ¿¿Viste la jóven orquesta de Dudamel?? ¡¡Suertudo!! Bueno, pues no hace falta que te cuente yo nada, Genin. Besos y salud.
¿Cuánto de personales?
La de la foto no soy exactamente yo; se la he cogido prestada a un amigo (Manolo Cabrera) que me dijo que me cedía los derechos. Le he pedido que me haga una de un gato mojado, pero todavía no me la ha enviado.Dice que si sé lo que corre un gato cuando se moja. Y sí, algo sé de eso...Así es que esperaremos y mientras, nos quedamos con esta deliciosa mona de cara colorada. Es que es muy pudorosa. Como yo.
No está mal atravesar el desierto para degustar esta miel.
ResponderEliminarLa música...para disfrutar.
Bicos.
Hay retazos en la narración de indudable altura estética. No soy experto en clásica, pero Shostakovich es un valor seguro, ¿no?. Me ha encantado la obertura. ¡Y eres beligerante hasta poniendo las etiquetas, jajaja!. Kisses.
ResponderEliminarHablando de quedar boquiabierto, me pasó a mi cuando vi a Dudamel dirigiendo la sinfónica de Venezuela, la de los y las jovenas.
ResponderEliminarBesos y salud
La música para renacer, azulona.
ResponderEliminarBiquiños.
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Gracias Manuel. Por todo.
Kisses.
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¿¿Viste la jóven orquesta de Dudamel?? ¡¡Suertudo!!
Bueno, pues no hace falta que te cuente yo nada, Genin.
Besos y salud.