Fases lunares



lunes, 3 de agosto de 2015

La atención personalizada.


El caso es que siempre que tengo que acudir, acudo vestida como si fuese a trabajar. A trabajar en lo que trabajaba, con lo que parezco más una encargada de allí, que una verdadera usuaria. Esta vez fui yo quien solicitó la cita, para actualizar los datos de mi CV; quería que constara mi flamante nueva titulación como técnico superior de laboratorio, y además, sospechaba que algo de lo anterior no me lo habían dado de alta correctamente, porque cuando me apunto a ofertas de empleo me dice el sistema que no cumplo los requisitos -que sí cumplo-. 

Cuando llego a las espectaculares nuevas oficinas del SERVEF (ya era hora de que cerrasen los corrales donde han estado atendiendo a los parados durante décadas), observo que hay poquísima gente; lo mismo es por ser 31 de julio. Así es que confirmo mi cita, y elijo dónde sentarme a esperar. En menos de cinco minutos anuncian mi número. Me dirijo a la mesa y me recibe un osito. Sí, un osito. Pausadamente le explico a lo que he ido, me dice que muy bien y me pide el DNI; se lo entrego y él se lo coloca en una esquina del teclado cual estampita de la virgen de Guadalupe en altar de camerino torero. Vale. Que santa Bárbara te ampare si soy yo la que tiene que protegerte, pienso, aunque no andaba tan desencaminada con mis elucubraciones iconoclastas.
Vamos repasando punto por punto toda la documentación que  pulcramente ordenada yo aporto, y como si estuviese ante alguno de mis antiguos clientes, me armo de paciencia. El osito es más lento tecleando que el caballo del malo galopando, y al parecer no para de equivocarse de pestañita. Creo que le impongo; no sé si es por mi perfume que no es el caro (no puedes presentarte a las oficinas del paro desprendiendo un perfume cuyo mililitro cuesta lo mismo que un berlengo de leche), pero tampoco es el barato (no puedes presentarte en las oficinas del paro desprendiendo el olor de una loción antimosquitos que va pidiendo a gritos una plaza en un albergue de mendigos con camastros impregnados de Zotal), o por la inconfundible cadencia de mi voz bordemente melodiosa, o por la difícilmente soportable intensidad de mi extraviada mirada azul Bombay Sapphire; el caso es que Teddy titubea. Titubea pero con aires de suficiencia; no pasan ni dos minutos cuando por fin consigue expulsar de su garganta lo que sé positivamente  que se dedica a expulsar siempre que puede: “soy técnico en Recursos HumaAAAnos” (coño, mis favoritos, me digo) Yo hago respirar profundamente a los controladores adrenérgicos de mi ser cósmico inmaterial, me pellizco la pistolera con la mano que reposa sobre mi pierna, y mantengo la calma. He mejorado bastante; ahora ya he conseguido que no me chorree la espumilla por la comisura de los labios (de los de la boca, de los otros solo me chorrea la gracia).

El caso es que empieza a darme consejos inconfundiblemente de recursitos humanos: mira no pongas “becaria” en experiencia profesional porque becarios son solo los que están haciendo el doctorado (¿perdona? Tú eres tonto, osito); es que  allí nos llamaban becarios, y además pongo ese termino precisamente buscando conseguir el abordaje de la psicología de quien lee mi CV, porque así ven que si hay sitios tan respetables como el de este laboratorio de referencia conocido en toda la comarca, que no les duelen prendas contratar a una cuarentona como becaria, ¿por qué iban a tener ellos reparos en contratarla comme il faut con todas las de la ley, como una trabajadora experimentada? Creo que el osito está flipando, me parece que se ha quedado en “la psicología de quien lee mi CV…”. Bueno, tú haz lo que quieras, yo no lo pondría, si pillas a alguien de recursos humanos un poco...un poco... ¿Tiquismiquis? -le ayudo-; sí, bueno -tuerce el gesto Jackie-Nuca-, tiquismiquis. Vale (osito).
¿Te has apuntado al SERVASA? Todavía no, no están abiertas las bolsas; pues ya tardas (¡Que no están abiertas las bolsas, coño!), porque con esto que tienes tú, que está muy bien, ahí puede salir algo, ya que es un sitio que solo cogen ese tipo de titulaciones de sanidad. No es como aquí, que somos abogados, administrativos, psicólogos, arquitectos… (Ositos...),  allí son muy específicos. Vale (osito). Me apunto a las ofertas de la universidad que… ¿De la universidad? ¡Pero si eso es lo peor! -me espeta- allí hay unos chanchullos que vamos…Casualmente en un departamento se repiten los apellidos durante años ¿curioso, no? Vale (osito), pero yo no puedo permitirme el lujo de no apuntarme a todo lo que salga ¿sabes (osito)? Mira hay una página de la Generalitat… Sí, precisamente,  es de la que me entran las ofertas de la universidad para proyectos concretos y a los que buscan oficiales o técnicos de laboratorio me apunto. Estoy suscrita desde hace años (osito). De todos modos él insiste en explicarme cómo funciona la página (por dios,  ¡Acabo de decirle que la utilizo, que estoy suscrita!), le dejo que se explaye y vuelvo a claudicar: vale (osito) –esta acción la aprendí en mis años profesionales, a los plastas cabezones la única manera de no discutir con ellos y evitarte que te hagan perder más tiempo, es darles la razón como a lo que son-.

Cuando ya tenemos todo actualizado, cuando me dice que si llevo el resumen de mi vida laboral, cuando yo pongo cara de póquer y le digo que eso ya lo tendrán ellos ¿no?, él me mira con condescendencia y me dice que no, que eso es de la tesorería general del Estado y que lo pida. Lo flipo. Esta gente tiene todo mi historial con pelos y señales, sabe  los días, horas, minutos y segundos que he cotizado, dónde, cómo, porqué, y con quién –si no, no me hubiesen podido calcular las prestaciones- y ahora me sale éste con esto; pero ¿qué mierda de traspaso de información que tienen entre los ministerios?, en serio,  ¿Es que no hay nadie capaz de optimizar recursos, sobre todo el tiempo, y sobre todo el de los ciudadanos?. Es que es increíble el tema. Y me dice que es que no entiende cómo eso no me lo dijeron desde el primer día, que la verdad, quien había rellenado mi ficha, no lo había hecho bien (óle, con óle,qué bien dejamos a los compañeros y lo que me faltaba saber pal duro), pero que tampoco tenía tanta importancia, que cualquier día que pasase por allí (sí, de venir de comprar el pan, no te jode), pues lo entregara y ya está. Eso, y ya está.

Como veo que la cosa ya ha terminado, empiezo a levantarme, y en eso empieza el osito: pues yo, los peores días de mi vida los pasé cuando estuve haciendo el doctorado en la Universidad… (¿Perdón? ¿Qué está pasando aquí? ¿Me está empezando a contar su vida?, ¿en serio? ¿Como cuando se me confesaban los clientes, compañeros, y pacientes de los hospitales de día? A ver, rey oso, que aquí la pringada soy yo, la que está arruinada, defenestrada, se supone que deprimida, soy yo; no he venido a aguantar tus quejas de osito que no triunfó en un departamento de la universidad, que, además, si tan mierdosa te parece, tendrías que estar orgulloso de no haber encajado; al fin y al cabo tú estás aquí supongo que no a través de una ONG ¿verdad?, tú mismo has dicho que es una bolsa de la administración, o sea que ¿a ver si adivinas qué tienes tú que no tengo yo?, ¡Pues ten la decencia de no quejarte delante de una persona que acabas de leer que lleva cuatro años y medio parada; que no es por falta de titulación, experiencia, agallas, inteligencia, ni grasia salerosa,que no está recibiendo prestación alguna de nada, y déjame en paz!), el paréntesis lo transmito en una mirada de soslayo de cero coma siete segundos, en los cuales la compañera de la mesa de al lado del osito ha asomado la cabecita como no dando crédito a lo que estaba sucediendo en la mesa de su compañero (estuvo escuchando toda la entrevista), donde éste no solo desanimaba a una parada de larga duración a apuntarse a algunas posibilidades de empleo, sino que encima, pretendía contarle lo duro que fue para él pasar por un departamento de la universidad.

Y es que en el fondo, aunque un miserable ególatra sexagenario, que necesita pararse ante un pobre para quitarle su mendruguillo de pan que se le antoja ideal para acompañar su caviar de beluga, sólo porque el mendruguillo no es suyo, un tipo que tiene el talento en la punta de la polla y que ésta hace años que no se le empina mas que con la ayuda del Cialis y una grúa, un tipejo que se pasa los días repitiendo patéticamente datos como un papagayo, que pretendió hundirme más (sin educación, ni elegancia, ni un ápice de la más  mínima sabiduría que dado su añosa edad ya debería poseer, incapaz de pedir disculpas que a lo que más llega es a un lamentable lloriqueo tipo "piri is qui illi, is qui illi..."), declarando públicamente que era imposible ayudarme a encontrar trabajo por el rastro que dejé -y ahí lo dejó él, in the air, importándole un comino el daño que pudiera hacerme, que para eso vale más un pedo suyo que mi madre-, en el fondo, digo, sigo desprendiendo ese rastro de persona generosa que sabe escuchar a los demás preocupándome por ellos al tiempo que les confieso mis temores y mis dudas, poniendo también parte de mi suerte en sus manos; ese es el rastro que voy dejando yo, y no como el que dejó su madre el día que lo parió a él, que menudo zurullo flotante dejó contaminando las aguas de la vida de los otros.
Mi rastro es un rastro que los amigos reconocen, aprecian y siguen como animales en celo para seguir conquistándome, y tenerme cerca, como yo a ellos; y los enemigos como cazadores para meterme un tiro entre ceja y ceja al realizar lo insignificantes que resultan para mí, y a los años luz de la más mínima dignidad que los considero. Justicieros de pacotilla, meteros con los de vuestro tamaño si es que conseguís encontrar tamaña miniatura. Machuzos, arribistas, cobardes, envidiosas, acomplejados, infantiles, barbies tuneadas, etiquetadores, encorsetados, cerriles, chulos, poseedores de la verdad, mamonas y mamones, mediocres, lechuguinos, mamarrachos en general.
En fin, una letanía de cazadores de feria, que andan por el mundo con pistolitas de agua cargadas de salfumant, disparando sus corrosivos chorritos a los leones atados de patas delanteras y traseras, enterrados hasta el hocico en el suelo. Luego comprueban que el salfumant les ha deshecho la pistolita y se han quemado los deditos, pero eso también será culpa del león. Seguid con vuestra conmovedora opereta de un solo acto, el fallido, ése que, tras vender a vuestra madre, os morís por protagonizar.

(Tralará)


6 comentarios:

  1. No sé cómo eres capaz de contar esto con gracia, pero el caso es que lo haces.
    Sí, cuesta entender que en la dichosa era de la información, con miles de ordenadores conectados todavía haya que estar llevando papelitos de un lado para otro. Y aún no topaste con Hacienda...
    Ay, señor, llego de la aldea y aya me encuentro con la realidad.
    Bicos, Gata.

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    1. ¡Vúelvete a la aldea y espérame allí!!
      ¿Y esto qué te parece?: "El paro baja en 74.028 personas en julio, el mayor descenso en este mes desde 1998."
      ¿Y LO ALTO QUE ESTÁ EL PARO, QUÉ? Normal que baje mucho, si está super alto. Y se van a 1998 na menos. ¿Se creen que somos gilipollas? Bueno sí: se creen que somos gilipollas. Y algo de gilipollas sí tenemos, porque no sabemos plantarles cara.
      Besuchones azulona.

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    2. Las cifras ya hace tiempo que no me dicen nada. Veo lo mismo que hace unos años y el que está sin trabajo sigue sin tenerlo. Claro, para servir copas sigue habiendo, pero porque el turismo, de momento, no nos falla.
      Bicos.

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  2. jajajaja Te has despachado agusto, aunque sospecho que no has escrito mas por no hacer mas larga la entrada, que eres muy considerada con nosotros, tus amantes seguidores, a mi, me hubiera encantado que to soltaras TODO... :)
    Besos y salud

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    1. No lo sabes tú bien lo a gusto que me he quedado, Genin.
      Y lo he soltado más o menos todo, más hubiese sido violencia. :D
      Gracias!. salud y besos,

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  3. Perdón, gatita, no es "to" es "lo", lo que quise escribir, mucho sorry :)
    Mas besos y salud

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